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Carlie. Aún sigo sintiendo que no es lo correcto, pero tampoco entiendo el porqué, después de todo pensando en mí verdadera función, sólo soy un accesorio en la corona de Adem, no estoy modificando ni dañando nada.
Tomo a Thomás en brazos y me acerco a Uriel quién me reverencia para luego reír. —Te golpearé donde digas algo al respecto. —bromeó con él. —Mi reina, solo puedo decir que hubiera querido tener una cámara cuando escuchaste tu nombre, de pronto quedaste blanca. —Sonríe. —Y la verdad es que el rey, es un maestro en cuanto a sorpresas. —Pues aún sigo pensando que esto puede ser parte de su "venganza" por haberme ido. —Eres reina, no imaginé una mejor venganza para ti que disfrutas de ser libre, te ha atado a una nación.
Dudó un poco antes de volver a hablar. —Pues aún no me siento diferente a como estaba hoy a la mañana.
—No creo que sea inmediato o que lo vayas a notar diferente, después de todo Adem tuvo razón cuando dijo que tienes ciertos comportamientos de reina, como él no importarte mucho las reglas, solo ir por tu lado, aunque aún no has tenido reuniones políticas ni nada por el estilo como para decir que algo cambio.
Bufó. —Y a mi que me encanta la política. —ironizó.
Alguien carraspea detrás de mí, me volteo y la veo.
—Oh, Leyla, que gusto verte. —digo intentándolo abrazar pero ella retrocede.
—No esperes muestras de afecto por mi parte, porque si a mí algo me han enseñado es a no perdonar. —habla dejándome totalmente muda ante sus palabras. —Solo espero que no quieras dejar este país nuevamente, porque ahora estás obligada a estar aquí, a enfrentar lo que haya que enfrentar, no puedes huir como la cobarde que fuiste anteriormente.
Suspiro. —Entiendo que estés molesta, después de todo tienes razón en todo lo que dices así que no diré nada al respecto.
Ella sonríe fríamente. —Más bien no dices nada, porque no tienes nada que decir, lo que tú hiciste anteriormente se podría haber llamado traición a la corona, porque era tu obligación quedarte y solo hubo una pequeña oportunidad y tú no lo dudaste y la tomaste, siendo totalmente egoísta con todos los que algún día te apoyamos, ellos no lo dicen porque quisieron perdonarte, pero yo no lo haré, no eres merecedora de mi perdón. Parir un príncipe de la corona no te ha hecho merecedora de mi perdón, mucho menos haber tomado el título de reina, podrás portar el título, pero para mí estás muy lejos a ser una reina.
Me quedo muda, ella me mira para luego marcharse.
—¿Quién es? —me pregunta Uriel que con solo ver su cara iluminada ya sé que está algo flechado.
—No es por ahí, es la princesa Leyla, la hermana de Adem. —le aclaro.
—Ya entiendo porque está molesta contigo, una princesita real, no como tú una reina que con un par de copas encima hasta te perrea hasta el suelo y ya toca arrastrarte hasta tu casa para que no hagas desastre.