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Adem. La veo dormir, se que estoy acabando con lo único que ella siente estable, pero hay cosas que están sobre nuestros propios deseos y sea como sea ella se convirtió en miembro de la familia real en cuanto dijo acepto ya sea que tengamos o no recuerdos sobre ese momento.
—Deja de mirarme o te sacaré los ojos. —me amenaza con los ojos aún cerrados.
—Seré tu pesadilla príncipe, hasta el día que aceptes que estar casado conmigo no es una buena opción.
—Sería un honor tenerte en mis sueños. —le respondo sonriéndole, cosa que a ella parece molestarle.
Meto la mano en el bolsillo de mi saco y noto la pequeña caja.
La sacó bajo la atenta mirada de ella.
—Tengo algo para ti. —Abro la cajita y sacó el anillo, ella me pasa su mano algo dudosa.
—Diría que ya tengo uno pero teniendo en cuenta las circunstancias y que eres un principito no creo que tan bien se vea que tenga un anillo de alguna capilla de Las Vegas.
Le sonrió.
—Este anillo significa que a partir de ahora solo existe una mujer para mí y eres tú.
Carlie mira el anillo y sonríe, detalla con su dedo el pequeño gravado.
"Mi pequeño tormento".
Porque ella es eso para mí, desde esa noche donde la conocí supe que esa mujer me llevaría a mi fin, y hasta ahora no me ha defraudado ni por un segundo, es como una pequeña rebelde que siempre tiene algo para decir contrario a lo que yo diga.
Finalmente aterrizamos, durante gran parte del vuelo llovió y en tierra no es la excepción.
Le pasé mi abrigo a Carlie y ella me miró dudosa antes de tomarlo.
—¿Nos esperan ahora en tu corte? —pregunta ella.
—No, mañana temprano ahora iremos a la residencia y ya mañana nos toca enfrentarnos a la realidad.
El camino a la residencia fue complejo debido a las diversas preguntas que hacía Carlie.
—Imagine que estarías escoltado por muchos policías o algo de eso. —habla ella asombrada.