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Carlie.
Lo tengo delante de mí y no sé si golpearlo o abrazarlo.
—Habla de una vez. —Adem habla sin mirarme.
—No sé qué decir, no sé si felicitarte por tu decisión o discutir contigo sobre eso. —suspiro. —Las decisiones del momento me dejan algo bloqueada.
—Es extraño que lo digas. —sigue sin mirarme. —Así empezó todo esto, con una decisión del momento y así debería de seguir siempre para nosotros, así funcionamos, simplemente fluimos, decidimos un día querernos, otro no, un día estar y al otro huir, un día casarnos y al otro separarnos pero jamás resolvemos las cosas, realmente las postergamos para otro momento
—Siempre hemos resuelto las cosas así que no sé a lo que te refieres con que jamás resolvemos las cosas.
Comienza a rebuscar en su escritorio hasta que da con lo que busca.
Me entrega un documento.
—Creo que reconoces las firmas ¿No es así?
Me parece extraño ver nuevamente ese documento, después de tanto tiempo.
—Tu firma y la mía, en un acta de matrimonio, y por más que aquí no sea legal, en el estado de Nevada si lo es, y al no habernos divorciado nunca, aún seguimos casados.
Mi mundo se tambalea un poco ante su confesión.
—¿Cómo es esto posible? Se supone que nuestro matrimonio no fue real.
—En Dinamarca no lo es, pero en el registro de Nevada está la copia original correctamente inscrita y es la que da vigencia a nuestro matrimonio, admito que olvidé explicarte ese detalle hace años, que aún seguíamos casados, pero ante mi estado no.
Lo observó totalmente desencajada con la realidad.
—Yo me fui porque se supone que este matrimonio no existía, no lo entiendo.
Me siento frente a él.
—Eres la reina desde que yo tomé la corona, y si siquiera lo sabías, quise darte un tiempo para ver si te atrevias a regresar.