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Adem. Lo hemos llamado amor, atracción, deseo, incluso error, pero es lo que nos mantiene unidos evitando nuestra destrucción. Somos tan opuestos que confirmamos la ley de atracción.
Si tu caes, yo caigo. Si tú vives, yo vivo.
Eres el complemento perfecto a mi corona y yo soy el complemento perfecto a tu estabilidad.
Hace un par de horas me daban una noticia que Carlie no respondía cuando llamaban a su puerta. Corrí a su habitación y golpeé la puerta hasta que logré abrirla, sin saber que lo que me encontraría sería una escena que ahora forma parte de mis pesadillas.
Carlie desmayada en el suelo, su cuerpo sudoroso y caliente, con un jarro de agua roto en mil pedazos a su lado.
Rápidamente la cargue y la lleve a su cama.
—Llamen a un médico. —grite.
Mi hermana llegó a los segundos asustada por mis gritos. —¿Pero qué le sucedió? —dice acercándose pero rápidamente la alejo.
—No te acerques, puede tener algo contagioso. —le recuerdo. —Está ardiendo.
—Llamaré a Uriel, él tal vez sabe si ella se ha expuesto a algo o es una fiebre común.
—Por dios, está ardiendo ¿Qué tiene esto de común? —hablo un poco alterado.
Me pongo de pie examinando la habitación buscando algo con que pueda comenzar a bajar la temperatura.
Leyla se va dejándome con Carlie. Tomó unos pañuelos y un pequeño jarro para recoger agua y humedecer los paños.
Mojo primero su rostro y luego su cuello y brazos.
—¿Qué te ha pasado? ¿Por qué te has enfermado tan de repente? —me siento junto a su cama, para seguir con mi tarea de humedecer su cuerpo.
Dorian se para junto a la puerta.
—No entres, ve a cuidar de él pequeño príncipe por favor, ya es hora de que despierte y no quiero que venga a ver a su madre en estas condiciones. —digo mirando rápidamente a Dorian.
—Adem puede ser algo contagioso, creo que es mejor que tú te marches y yo cuido de Carlie.
Lo miro sin terminar de comprender. No entiendo porque él creería que yo sería capaz de dejar a la mujer que amo en estas condiciones, lo que a ella le pase indirectamente también me sucede a mí.
—Cuando yo me case con ella le dije, en la salud y la enfermedad, ¿Enserio crees que me voy a ir? No me importa si es contagiosa o no, yo me quedaré a cuidar de ella.
—Eres el rey de Dinamarca, ella trabaja en un hospital ¿Sabes lo que podría suceder si ella llega a estar enferma por alguna exposición del hospital y tú permaneces con ella?