¿DONDE ESTÁ?... ¿DONDE ESTOY?

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UN AÑO DESPUES.

Ahora la pequeña princesita de cabello invernal contaba con la tierna edad de treas años, y como lo había prometido el Rey de Liones,  y justo después de cada honomastico de la menor de sus hijas, era llevada al Reino de las Hadas junto con Megan, quien era la única autorizada para que la cuidara y atendiera en tan lejano lugar para que pudiera convivir y aprender con ellos.

Ya llevaban unos diez días en el bosque de los treinta que estaban estipulado, la pequeña albina era querida y amada por todas las criaturas que vivían en el lugar.

Aunque al principio no era tan fácil, la primera vez que fue a visitarlos, se les notaba la ansiedad, la preocupación y el miedo de todas las hadas y criaturas que habitaban el lugar, pero Gerheade siempre estaba ahí para hacerlos entender y comprender que no debían tenerle miedo a una cría tan pequeña de humanos y que debían acostumbrarse a su presencia ya que la tendrían muy seguido con ellos.

Poco a poco la fueron tratando, empezando a convivir con ella, y toda esa tensión y miedo que sentían en contra de ella, se iba desvaneciendo conforme iban conociendola, hasta llegar el punto de que las haditas no querían que la pequeña albina se fuera del Bosque, se entristecian mucho cuando era la hora de su partida, pero cuando sabian la fecha en que volveria a visitarlos se ponía muy contentas cuando ella regresaba cada vez más grande y hermosa, era una nena que desde un principio se había robado el corazón de todos con esa alegría y simpatía que tanto la caracterizaba.

Siempre que la veía, Gerheade se ponía a pensar viajando a su pasado, donde había conocido una hermosa chica albina muy seria, desconfiada, hermética y suspicaz, con desconocimiento sobre los sentimientos, la empatía y el amor, no la conoció de pequeña, pero la consejera sabía que la Lunala de hace tres mil años había sido criada de una manera muy dura y estricta, y  ahora al ver a esta nueva versión de su antigua y querida amiga, hacia que se le llenara el corazón de felicidad, al ver que esta pequeña era todo lo contrario.

Esta pequeña criatura, que ha empezado a poner a todos sus hermanos hadas junto con ella de cabeza, con su espiritu aventurero, su alegria, inquietud y curiosidad, se prometió que siempre velaría y cuidaría de ella para que siempre tuviera esa hermosa sonrisa en su rostro.

Megan: Lunala, ten cuidado, te vas a lastimar - Advertia la rubia al verla correr sin cuidado entre las ramas.

Gerheade: ¿Te reúsas a llamar de la otra manera verdad? - Pregunto sin despeguar la vista de la niña.

Megan: No es eso - Imitando su acción - Pero ella fue y seguirá siendo Lunala ¿Por qué debería de llamarla de otra manera? - Cuestionó ante lo obvio.

Gerheade: Por qué es una manera de honrar la memoria de Caroline.

Megan: Lo sé, todos en el castillo empezaron a llamarla así en su memoria, hasta Bartra y sus hermanas lo empezaron hacer por que así era como le gustaba llamarla ella, pero yo no puedo, no me acostumbro, para mí es Lunala.

Gerheade: Si, pero nadie más aparte de Bartra y nosotras lo sabe.

Megan: Ya lo sé, pero al menos deja que la llame por su verdadero nombre de pérdida cuando estemos en el bosque ¿No?

Gerheade: Hay Megan no se puede contigo... Está bien... ¿Sabes?... Yo también tenía pensado llamarla por su verdadero nombre solo cuando este aquí, la verdad a mí también se me hace raro llamarla de otra manera..

Megan: ¿Lo ves? entonces deja de pelear conmigo - Decía divertía mientras ambas sonreían con hermandad, siempre cuidando de la pequeña risueña.

- - -

Ese día en particular, después de unas cuantas lecciones dadas a la pequeña albina, Gerheade les había dado permiso a unas cuantas haditas para ir a jugar con la pequeña, indicándole que les daría permiso siempre y cuando cuidaran bien de que la pequeña no se lastimara.

""TU CALIDO CORAZON""Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora