RESPUESTA A LO QUE NO TIENE SENTIDO

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Lunala: (Soy una perversa...) - Se repetía en silencio, con los ojos llenos de lágrimas que no caían - (¿Cómo es posible? Amo a Gloxinia con toda mi vida, le entregué todo lo que soy, juré ser suya por siempre, y ahora, al verlo a él, pienso en retenerlo, en que sea solo mío, en no dejarlo ir nunca... ¿Qué clase de monstruo llevo dentro? ¿Acaso mi amor por él era mentira? ¿Acaso no soy más que alguien que juega con los corazones de quienes la aman?)

Se sentía sucia, traicionera consigo misma y con el hada que ahora estaba lejos, arriesgando su vida solo por mantenerla a salvo, no entendía que lo que sentía no era amor, ni deseo real, era la costumbre de una vida entera, la culpa que se había convertido en una necesidad de reparación, y ese lazo antiguo que el destino había tejido tan fuerte que ahora, al querer romperse, tiraba de ella con una fuerza dolorosa, confundiendo el apego con posesión, la culpa con cariño.

Mientras tanto, al otro lado del campo, Helbram no apartaba la mirada de ella.

En sus ojos se libraba una tormenta igual de feroz, un torbellino de sentimientos que lo desbordaba todo, al principio, al verla aparecer, su corazón había dado un vuelco: alegría pura, desbordada, como si el sol hubiera salido de golpe en medio de la noche.

Luego vino el dolor agudo, el recuerdo de haber sido rechazado, de haber sido cambiado por otro, de hacerlo sentir que nunca fue suficiente para ella, y junto a eso, una rabia profunda, una amargura que le corroía las entrañas, y sin embargo, por encima de todo, seguía ese amor inmenso, ciego, que no sabía ni quería morir.

La miraba y veía todo lo que siempre había deseado, su rostro, su forma de ser, esa esencia que desde niña le había parecido la única que podía completarlo, veía en ella a la que creyó suya, a la que el destino le había prometido, y ahora la veía ahí, parada frente a él, tan cerca y a la vez tan lejos, como si perteneciera a otro mundo.

En su mirada se mezclaban el rencor y la ternura, el deseo de odiarla y la necesidad de correr hacia ella, de abrazarla y pedirle que volviera, aunque fuera mintiendo, sus manos se cerraban en puños a los costados, temblando por la fuerza que tenía que hacer para no cruzar de inmediato la distancia que los separaba.

Helbram: Lunala... - Susurró su nombre apenas, con voz rota, solo para él mismo - (¿Por qué has venido? ¿Para torturarme más? ¿Para recordarme una vez más que perteneces a otro... cuando cada parte de mi ser grita que tú eres mía?)

No sabía lo que ella pensaba, ni la confusión que la estaba consumiendo por dentro, solo veía a la mujer que amaba, y sentía con dolor absoluto que, aunque ella ya no fuera suya, él seguía siendo de ella completamente, irremediablemente suya, incluso ahora, incluso así, y esa certeza era lo que más lo destrozaba.

Helbram estaba clavado en el sitio, con la mirada perdida y fija solo en ella, como si todo lo demás a su alrededor se hubiera desvanecido en sombras sin importancia, no oía las voces de los demonios, ni sus planes de conquista, ni el ruido del viento entre las casas destrozadas, solo existía Lunala, parada ahí, tan cerca que podía casi sentir su aroma, ese que durante tanto tiempo había sido su refugio, y ahora se le antojaba un castigo, sentía cómo el pecho le ardía, cómo cada latido le dolía con fuerza, y en su mente solo giraban preguntas sin respuesta ¿Por qué estaba ahí? ¿Había venido por él? ¿Acaso todavía quedaba algo, aunque fuera un poco, para él en su corazón?

Entonces sintió una mano firme y pesada sobre su hombro, que lo sacó de golpe de ese ensueño doloroso, giró la cabeza bruscamente, con los ojos aún nublados por la tormenta de sentimientos, y se encontró con la mirada seria, severa y muy atenta de King.

King: Concéntrate - Le pidió en voz baja, sin dejar de vigilar el grupo enemigo ni por un segundo, con tono de advertencia y autoridad - No te distraigas ni un instante debemos observar todo con cuidado, estudiar cada rincón, ver dónde tienen retenido a Meliodas, cuáles son sus guardias, sus puntos fuertes y sus debilidades, solo así podremos entrar, sacarlo de ahí con vida y salir nosotros también, esto no es un juego, Helbram, un error tuyo puede costarnos la vida a todos.

""TU CALIDO CORAZON""Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora