Capítulo 14: Cruce.

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A pesar de que Kagome intentó separarse, Inuyasha mantuvo el control sobre su boca, sorpresivamente le comió los labios enteros ignorando la intromisión latente.

De alguna forma, las acciones del albino le abrumaron, provocando cierto nerviosismo. Cientos de situaciones peligrosas detrás de ella y venía a asustarse por un simple intercambio de besos clandestinos. Ridículo.

Nuevamente los toquidos resonaron con suavidad, la persona del otro lado parecía no tener ninguna prisa. Solo lanzó un recordatorio al aire. —El proveedor de abrigos ya llegó —. Después, nada. Los pasos del otro se alejaron paulatinamente hasta desaparecer.

Inuyasha estaba encantado con esa manera de ella para empujarlo, recordándole lo peligroso que era besarse aquí. Sin embargo, él tenía un as bajo la manga todavía. Sonriendo contra sus labios, deslizó su mano desde la nunca hasta enganchar la barbilla femenina con su índice y pulgar, luego se alejó apenas unos centímetros para susurrar. —Nadie entra aquí sin autorización —tranquilizó observando sus bonitos ojos marrones, ligeramente más oscuros.

Debido a la identidad de Kikyo, su familia había sido estricta con relación a la oficina ya que ella se mantenía ahí cuando estaba de visita, aunque los empleados tuvieran asuntos que atender, aún no podrían ingresar sin un consentimiento previo. Por lo tanto, en diversas ocasiones se limitaron a informar desde afuera, como ahora.

Todavía con esa actitud traviesa, Inuyasha le robo un par de besos fugaces, luego se dirigió a su oreja. —Te quedan bien los pendientes —refirió al hecho de verla con unos por primera vez. Entonces finalmente se alejó. —Gracias por la recompensa. Vengo en un rato.

Ella se quedó un poco aturdida, queriendo reírse por la situación. Casi comenzaba a golpearlo por no decirle de ante mano y permitir tal susto. Meneó la cabeza en negativa, sintiéndose estafada por primera vez en su vida. Suspiró un poco antes de recuperar la compostura y proseguir con lo que venía a hacer.

Se quitó los aretes cuadrados para desprender los chips detrás de estos y los colocó sobre el escritorio. No sabía cuanto iba a tardar Jakotsu para elegir prendas, el tiempo era valioso a partir de ahora. Se agachó para abrir un mini compartimiento en sus flats de plataforma, extrayendo un juego de herramientas con las que manipuló el teléfono alámbrico del sitio. Dividiendo su atención entre el circuito del aparato y la puerta.

Después de instalar el chip, volvió a armar el tubo, procediendo a deshabilitar el cortafuegos y antivirus del ordenador, además ingresó al sitio de correo electrónico para adquirir las cuentas registradas. En medio de todo no se olvidó de activar el auto lavado del inodoro, mientras la computadora accionaba, consiguió el paño para limpiar todas las superficies, borrando cualquier rastro de manipulación. Volvió a dejar todo como lo encontró, una ventaja de su buena memoria.

La fortuna le sonreía también por ausentar a Inuyasha bastante tiempo. Para cuando regresó, ya solo tenía que  guardar los artículos de limpieza en la gaveta del sanitario. —¿Terminaste? —oyó preguntar con cierta decepción. Kagome no se giró para verlo, continuando con su tarea de cerrar el mueble bajo el lavabo. Sintiéndose repentinamente ansioso, Inuyasha se acercó algunos pasos con cuidado. —¿Estás enojada? —cuestionó lentamente.

Kagome arrojó la servitoalla con la que secó sus manos al contenedor, contando mentalmente la distancia que los separaba; en cuanto lo escuchó pisar nuevamente, se deslizó hacia un lado, sujetandolo por la solapa del saco hasta llevarlo contra el lavabo. Ahí se paró delante suyo, entre las piernas separadas del muchacho, luego levantó su índice clavando su uña ligeramente larga en la parte baja de su mentón. —Si es un premio, debería esperar para recibirlo. De lo contrario, tendré que tomarlo de vuelta de la misma manera —. Tras su oración, haló desde su camisa para agacharlo lo suficiente, besando con fuerza. Él no tardó en procesar sus acciones para abrazarla otra vez, delatando sus ganas de ella.

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