—Nombre, Bankotsu Hirashige. Edad: veintinueve años, estatura de ciento ochenta y dos centímetros. Egresado de Mizuru escuela elemental y junior, educación superior en Hongō, Economía en Tōdai. Nacido en Kanto. Solo tienen un hermano menor consanguíneo de veintiocho años. Su padre desapareció hace veintiséis años, su madre se encuentra fallecida así como uno de sus hermanos que murió tras el parto. Ha sido empleado en... —. Sango continuó leyendo el informe a través del monitor, sus pupilas cada vez más consternadas.
Este hombre, que hasta hace unos días no parecía tener relación alguna con la familia Sata, apareció repentinamente como un temblor que desfasaba sus planes.
La misma Kagome que había decidido enterrar su pasado en un cofre de oro, como sus verdaderos recuerdos felices, sentía que una depresión de la tierra se acercaba peligrosamente para tragársela. Porque no podía ser cierto ¿Verdad?
Lo que tenia a la vista de ella, era una ilusión ¿Cierto?
Su antiguo y único novio, no había salido del edificio frontal. No estaba asociado con la escoria Sata. El chico que más quiso en la vida, hasta ahora, no pudo mezclarse en la cloaca de esa familia asesina. —Bankotsu.
—Entonces todavía te acuerdas de mí. Es un alivio —entonó él, ampliando una sonrisa brillante en todo el rostro. —Ha pasado tiempo ¿Cómo estás?
Contrario a lo que deseaba, la azabache no pudo reprimir sus sentimientos, no pudo frenar el torrente de preguntas agolpándose en su mente, haciéndola musitar —¿Qué haces aquí?
—Oh, yo —él dudó un par de segundos para responder, crispando los nervios de ella. —Vine a revisar un edificio —habló como si se tratara de lo más natural del mundo. La sonrisa aún impregnada en el rostro. —¿Tú qué haces por aquí? ¿Vas algún lado? —también cuestionó, ocultando el deleite secreto de saber que la vería de esta forma todos los días. —Si no tienes planes, podríamos ir a tomar algo.
Kagome se quedó aturdida observando su rostro, sintiéndose cada vez más cerca del abismo. No era estúpida, si Miroku estaba actuando tan extraño, era por Bankotsu.
En su profesión, las personas del pasado eran simples anclas que te ataban a un mundo emocional inaccesible, que te dejaría con demasiados flancos débiles. A día de hoy, ni siquiera volvió a casa porque tenía una misión que terminar. En su profesión, las cosas como el amor, la amistad, la fraternidad e incluso tu familia, eran simples peones que se podrían usar en tu contra.
Por eso, cuando decidió irse con Miroku, cortó los lazos que la ataban a su imagen pública con la excusa de no ser apropiada para ellos. Incluso este hombre delante suyo recibió una despedida nostálgica. Este hombre que alguna vez fue su amor adolescente quebraba los cerrojos de sus memorias cautivas como una hoja de papel. Los rasgaba por mitad sin compasión. Haciéndola preguntarse ¿Por qué tú?
Los segundos se escurrían, pero ella no decía una palabra. A punto de desmoronarse, a punto de salir corriendo en la dirección opuesta.
—¡Kag! —un llamado estridente y familiar llegó a sus oídos, devolviéndola al mundo real. Jakotsu corrió a lado de ella con emoción. El muchacho redujo la distancia cada vez más con sus pasos rápidos, diciéndole de forma automática que debía reaccionar antes de que fuera demasiado tarde.
—Hola Jakotsu. Pensé que ya estabas en la tienda —habló Kagome, sin atreverse a responder directamente al otro joven.
—Todavía faltan diez minutos —sonrió— Pero no te quedes así, preséntame a tu amigo —codeó cómplice. Él era alguien que admiraba la belleza y este muchacho exudaba la palabra por cada poro. Con su altura y esa piel bronceada de tono canela que no se veía todos los días.
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Camouflage
FanfictionLo que se oye y se ve suele olvidarse, sin embargo con los sentimientos no es así. - ⚠ ¡Advertencia! Historia con contenido para público mayor de quince años preferentemente Contenido AU y OoC Lenguaje ofensivo y escenas que pueden dañar la sensib...
