Capítulo 6: El verdadero objetivo.

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—¿Le quedó claro joven Inuyasha?—

No entendía como fué capaz de explotar así.

Bien, el tipo era de lo más irritante ¡Había tocado su último nervio! Le daba cierto margen para que en caso de necesitar apoyo, pudiera escudarse con ese argumento. Él por su parte seguía perdido en ese mundo color marrón oscuro, casi perdiendo sus pensamientos. Cuando reaccionó, puso una expresión peligrosa diciendo —Y tú recuerda que eres mi empleada ¿De acuerdo?— susurró pegando más su rostro al de ella —Puedo hacer que esas sean las últimas palabras que digas en este establecimiento. Ten cuidado— amenazó.

A cualquiera de los otros empleados no les hubiera tolerado ninguna palabra como esa, sin embargo, la chica delante suyo, despedía una carga de seguridad misteriosa. Al parecer tenía una muy buena autoestima para creerse con el derecho de hablarle así.

—¿Entonces qué espera?— preguntó divertida —Acuseme con mamá, porque hasta donde sé, mi jefa es la señora Izayoi y el señor Toga— contraatacó alejando su cuerpo hasta enderezarlo, cruzó los brazos a la altura del pecho alzandolos un poco en el proceso —Así que sería bueno decirle también que usted se niega a hablarme por mi nombre incluso cuando lo he repetido tantas veces.

Inuyasha tensó la mandíbula. A su progenitora no le iba a gustar nada ese reporte y aunque quisiera no podía despedir a Kagome. Toda esa arrogancia que mostró momentos antes fué mermando de a poco —Que mi madre sea la dueña de este lugar no me impide tomar decisiones en su ausencia— mintió él sin demostrar su desagrado ante la idea —Pero quiero que sea la última vez en hablarme de esa manera ¿Entiendes? La siguiente estarás despedida.

La azabache alzó una de sus cejas con sospecha. Pudiera ser que efectivamente él tuviera poder para despedirla, sin embargo no le convencía del todo —Siempre y cuando usted me llame por mi nombre de forma correcta y me trate de manera digna, no tendré porqué quejarme de esta manera— sentenció también con un deje de precaución. Si lo peor era lo peor, no le daba miedo infiltrarse desfe fuera en última instancia.

Él la observó analizando cada uno de sus rasgos, su delicada carita estaba llena de obstinación, una atractiva obstinación cabía decir —Vuelve a trabajar— terminó por hablar relajando su posición, aunque se había distraído lo suficiente por ahora, el asunto de Kikyo lo tenía demasiado adolorido de la cabeza como para seguir con la discusión —Anda, esas blusas están mal acomodadas— le señaló el estante a unos metros.

La azabache no agregó ningún comentario más. Se dió la vuelta provocando el rebote de su cabello, enviando el aroma de su acondicionador en la dirección del muchacho, él tomó una bocanada de la fragancia encontrandola fuerte más no empalagosa, un olor realmente difícil de pasar por alto. Sus pensamientos comenzaron a divagar en esa figura bamboleandose a cada paso mientras la seguía con los ojos.

El albino sintió la arrogancia de la joven regresando a la realidad de a poco, decidió concentrar toda su atención en el videojuego de su pantalla evitando la línea de absurdos escenarios amenazando con aparecer dentro de su cabeza. Sin embargo su vista se movía sola hasta la figura de la muchacha, tan distraído en sus movimientos hasta que Yura le pasó una mano por la cara, anunciando su presencia —¿Inuyasha?— llamó. Siguiendo la dirección de sus ojos pudo saber qué, oa quién veía —Inuyasha— repitió un poco más fuerte.

El aludido salió de la ensoñacion parpadeando varias veces —Ah, si. Gracias— musitó tomando la bolsa de compras en sus manos poniendo toda la atención del mundo en la caja de medicamentos al interior —Puedes irte a comer— habló descuidadamente.

—Claro— la de pelo corto iba a lanzar un comentario acerca de su divagantes ojos, más se contuvo. Quizá Koga tenía razón en aquello de no provocarlo, si había encontrado una distracción que les ahorrara su mal humor ¿No era bueno aprovecharla?

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