Inuyasha apoyó a su empleada para llegar hasta la mesa donde había encontrado a los otros. No pensó que tuviera que cargar con ella en tal estado. —Creo que no podemos quedarnos más —anunció a Yura, quien estaba con Ayame.
La joven pelirroja también empezaba a marearse debido a un par de tragos fuertes, ella realmente no toleraba demasiado el alcohol. Pero a la luz de las circunstancias y aprovechando que vivía en el mismo fraccionamiento que Koga, prefería perder la conciencia ahí mismo antes de dejarlo ir con Kagome.
La de cabello corto asintió de acuerdo, comenzando a llamar al resto que se dispersó para buscar a la joven Higurashi. Una vez se volvieron a reunir, Yura dejó a la menor para ser llevada por su otro compañero. —Koga, ayúdame con ella.
Koga era un buen chico, después de todo. No se lo pensó antes de cargar cuidadosamente a la pelirroja. Con ambas chicas en tal situación, no era momento de ponerse a discutir. El grupo se movió hacia el privado nuevamente; tras recoger sus pertenencias salieron para abordar el auto del albino que se ofreció a escoltarlos. En todo el trayecto, Jakotsu mantenía un puchero de tristeza, era una lastima que no pudiera despedirse de su adorado barman.
Los primeros en ser llevados a casa fueron Koga y Ayame, matando dos pájaros de un tiro. Para evitar problemas con los padres de la esmeralda, Yura los acompañó a la puerta de su casa. Luego volvió con Inuyasha, diciéndole que podía dejar a Kagome con ella.
Él estaba a punto de acceder, antes de que Kagome tuviera que fingir un ataque de ebriedad para alegar por ir hasta su departamento. Esta actuación le estaba costando cada vez más conforme pasaba el tiempo. Si las cosas continuaban así, alguien que supiera como funcionaba una borrachera se daría cuenta de la anomalía en su comportamiento.
Hablando típicamente, un borracho caería dormido tarde o temprano con este nivel de ebriedad. Si no lo hacía pronto, sus planes se vendrían abajo.
—¡Quiero ir a mi casa! —chilló comenzando a patalear en el asiento donde Jakotsu cuidaba de ella. —¡Vamos a mi casa! ¡Buyo debe estar esperandome! —. Los tres a su alrededor intercambiaron miradas de extrañeza ¿Vivía con alguien?
—Tal vez debas llevarla hasta su casa. Si alguien está esperándola no creo que le guste mucho la idea de que no aparezca o llegue tan tarde —opinó Sakasagami analíticamente. Ella tampoco estaba cerca de su cuarto, pero si se esforzaba en alcanzar el metro, no tendría problemas. Además no le gustaría tener que lidiar con todas las suposiciones estúpidas que sacarían los demás residentes en la casa de huéspedes donde se alojaba si la veían llegar en un auto como el de Inuyasha. —Yo me voy por mi cuenta desde aquí.
—¡No, Yu! Es peligroso que vayas sola a esta hora de la noche —. Jakotsu se mostró inmediatamente preocupado por ella. —Vamos con Inuyasha. Primero dejamos a Kag en su casa y después vamos a la tuya.
—Es una molestia. En serio no hace falta —. Ambos estaban a punto de enfrascarse en una discusión hasta que el ambarino abrió la boca.
—¿Por qué no se acompañan? Yo llevaré a Kagome hasta su casa.
Los dos aludidos cruzaron la vista. Rápidamente estuvieron de acuerdo con la sugerencia de él. No era que abandonaran a la azabache, en realidad conocían al albino lo suficiente como para confirmar que ella estaría bastante segura a su cuidado. —Entonces te la encargamos Inuyasha. Espero que Buyo no te cause problemas.
Yura y Jakotsu se despidieron luego de acomodar a su compañera en el asiento trasero de la camioneta, así, finalmente la de ojos marrón estuvo tranquila, pudiendo relajarse antes de hacer su próximo espectáculo para indicarle el camino. Por el contrario, Inuyasha comenzaba a llenarse de inquietud.
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Camouflage
FanfictionLo que se oye y se ve suele olvidarse, sin embargo con los sentimientos no es así. - ⚠ ¡Advertencia! Historia con contenido para público mayor de quince años preferentemente Contenido AU y OoC Lenguaje ofensivo y escenas que pueden dañar la sensib...
