Inuyasha no mintió. No se podía despreciar su esfuerzo.
Su ojo tenía bastante precisión para determinar la talla de Kagome. Aunque también pudieron ser sus manos las que ayudaron a su memoria tras haberla recorrido de arriba-abajo sin pudor. Cualquiera que sea el caso, el vestido negro le quedó perfectamente, como mencionó. La tela se abrazaba a ella sin holgura ni demasiado apretada, su escote revelaba exactamente lo deseado, el largo de la falda e incluso sus tacones, parecieron ser seleccionados cuidadosamente. Tal vez porque la iba a presumir como un trofeo frente a sus conocidos.
Al menos no le dio ninguna prenda con la que quisiera controlarla. Si hubiera hecho algo como eso, tendría que recordarle las reglas. Al final, hoy era el día que terminaba su primera misión. Si no volvía a pisar el club nocturno le daba bastante igual. Y no es que no contemplara algún contratiempo, pero tuvo que ser extremadamente optimista y confiada para no ser traicionada por sus nervios en el momento crucial.
El día de ayer, Bankotsu tampoco había aparecido en Classic Gentleman, algo bastante inquietante. Sus instintos le decían que esas desapariciones no eran simples. Tras leer las noticias del periódico que Miroku compró en la mañana, se dio cuenta de lo popular que era su ex novio en el mundo económico, comenzando a ligarse con la política.
A ninguno le costó llegar a la conclusión de que Naraku, como un contendiente para ser seleccionado en el sangiin de la DIETA, estaba coludiendo con aliados explotables para ser un competidor fuerte. La misma organización de Kagome había estado detrás de todas las personas que se pronunciaban cercanos y en causa a que Sata resultara electo el año entrante. Para frenarlos, para entenderlos y saber cuales eran sus propósitos.
Tuvieron que impedirle a Naraku cualquier ascenso en el gobierno, tuvieron que detener su expansión de poder e influencias. Ahora se encontraba como el segundo favorito detrás de Osamu Kirin. Algunos aliados de ella se posicionaron al lado de este hombre, sacando un pequeño porcentaje de ventaja por encima de Sata. Pero mientras más talentos reclutara Naraku, la brecha se volvía apenas un hilo.
Por eso necesitaban Shikon, para destruirlo desde sus raíces e imposibilitar cualquier aspiración del hombre en el futuro.
El timbre de su casa sonó alrededor de las diez P.M. términó de ajustar los preparativos de su cartera prosiguiendo a abrir la puerta. Inuyasha estaba parado con las manos en los bolsillos, su traje enmarcaba esos anchos hombros, visibles gracias a su cabello sujetado en una coleta alta. Kagome se quedó mirando con desconcierto el peinado.
A primera vista, se le podía ver el parentesco con su padre. Con el cabello recogido, la primera impresión que daba era la de un Toga más joven, aunque al seguir observando sus rasgos con detenimiento, uno encontraría las características heredadas de Izayoi también. No podía creer que hubo gente que incluso acusó a la madre de este tipo con responsabilizar a su esposo por el hijo de alguien más, cuando el aspecto de Inuyasha gritaba a todo el mundo quien eran sus padres.
Quizá, ese fue el detonante para que él quisiera parecerse tanto a su padre, al grado de teñir su cabello y usar lentillas-. Llegaste antes -habló la azabache de manera sorprendida. No esperaba que estuviera en su casa tan pronto.
-No es de caballeros hacer esperar a una dama.
-Bueno, tampoco es de caballeros que llegues cuando todavía no termino de arreglarme -respondió asertivamente, aunque por dentro estaba encantada. Su plan original era decirle que atendió una emergencia y pedirle terminar su maquillaje en el auto. Quien sabía cuanto la estaba ayudando el universo, tal vez el mismo karma estaba buscando a Naraku a través de ella. Le sonrió haciéndose a un lado para dejarlo pasar-. Adelante.
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Camouflage
FanfictionLo que se oye y se ve suele olvidarse, sin embargo con los sentimientos no es así. - ⚠ ¡Advertencia! Historia con contenido para público mayor de quince años preferentemente Contenido AU y OoC Lenguaje ofensivo y escenas que pueden dañar la sensib...
