[ ✎ ] ¿Qué sucede sí te enamoras del hermano mayor de tu mejor amigo, cuando una de las reglas que mantiene su amistad es precisamente: no involucrarse con familiares?
¿La amistad será más fuerte qué los sentimientos?
ꕤ ˚ᥐ . magnus ↓ alexander ↑
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El camino hacia la casa de Magnus fue relativamente corto y sin tráfico, pero para Alexander se sintió eterno. Cuando finalmente estacionó frente a la puerta, se tomó un momento para inhalar profundamente y relajar sus hombros. Estaba nervioso. Solo habían pasado unos días desde la última vez que se vieron, pero su cuerpo y mente reaccionaban como si hubieran pasado años.
Cuando la puerta se abrió, el mundo pareció detenerse. Magnus estaba ahí, con una sonrisa tranquila que iluminaba la entrada. Vestía ropa casual, pero aún así irradiaba esa presencia magnética que siempre hacía que Alexander sintiera mariposas en el estómago.
—Buenas noches, Alexander —saludó Magnus con su tono suave y seguro, inclinando la cabeza con curiosidad al notar la rigidez del otro.
Alexander parpadeó, intentando encontrar su voz. —Buenas noches —respondió, inseguro. Por un momento, se quedó inmóvil, preguntándose qué debía hacer. ¿Un saludo casual? ¿Un apretón de manos? ¿Un abrazo?
Finalmente, su cuerpo decidió por él. Con la mano libre que no cargaba su mochila, Alexander atrajo a Magnus hacia sí y, antes de que pudiera pensar demasiado, inclinó la cabeza y unió sus labios en un beso.
Magnus se sorprendió al principio, pero no tardó en responder, dejando caer suavemente la mano que aún sostenía el pomo de la puerta para rodear la espalda de Alexander. El beso era tranquilo pero lleno de necesidad, como si ambos intentaran compensar los días que estuvieron separados.
Cuando finalmente se separaron, Magnus sonrió, esa sonrisa que siempre hacía que Alexander olvidará cómo respirar. —Bueno, es una forma interesante de saludar.
Alexander se rió entre dientes, más relajado ahora. —Perdón, no sabía cómo…
—¿No sabías cómo saludarme? —Magnus lo interrumpió con una mirada divertida mientras hacía a un lado para invitarlo a entrar. —Pasa, por favor.
Alexander asintió, entrando en la cálida y acogedora casa. Mientras se quitaba la chaqueta, notó la tranquilidad del lugar y no pudo evitar preguntar: —¿Y tus padres?
Magnus cerró la puerta detrás de él y se encogió de hombros con elegancia. —No están. Salieron esta mañana, así que estamos solos.
Alexander sintió un pequeño escalofrío recorrer su espalda ante la emoción, pero intentó no darle demasiada importancia. Magnus lo llevó hacia la sala, donde una suave luz iluminaba el espacio.
—¿Quieres comer algo? ¿O tal vez tomar algo antes de subir a estudiar? —preguntó Magnus, señalando la cocina mientras él mismo se dirigía hacia allá con pasos relajados.
—¿Tienes café? —preguntó Alexander, dejando su mochila sobre uno de los sillones.
Mientras Magnus se ponía a preparar dos tazas, Alexander tomó asiento en uno de los taburetes junto a la barra de la cocina. Observó cómo Magnus se movía con naturalidad, hablando sobre lo que habían hecho sus padres en los últimos días.