25. Atacad, Manada
Jugamos con fuego y yo me quemé.
Pero, ¿te cuento un secreto?
Me gustó arder
- Gio Carba
Ava Brown
31 de agosto.
No quería comenzar el día, pero tampoco quería acabarlo. Sentía la tristeza y nostalgia recorrerme el cuerpo y arremolinarse en mi corazón.
Sintiendo las lágrimas picar, agarré mi teléfono y le envié un mensaje a Ash.
Ava: Nos vemos en la playa en media hora, tenemos que hablar.
No quería. No quería romper esto. Pero un trato era un trato. Y yo tenía que seguir adelante, centrarme en mi futuro, y ningún hombre podía interponerse en eso.
Pero, mierda, lo amaba.
***
Llegué diez minutos antes, porque necesitaba respirar. Me senté en el puerto, con mis pies descalzos volando por encima del agua. Escuché a Ash sentarse a mi lado, pero no dije nada.
No podía decir nada.
—Una vez me preguntaste cómo se llamaría nuestro libro —murmuré—. Frenesí, porque fue una exaltación de mi ánimo y mundo, pero fue corto.
—Podemos hacerlo largo —su voz sonó temblorosa—. Merecemos hacerlo largo.
—Necesito pensar en mi futuro, Ash... Asher.
No lo miré, pero sé que eso le dolió.
—Yo no voy a interferir en tu futuro.
—Lo harás, aunque no sea queriendo —mi voz se rompió—. Y necesito demostrarle al mundo que yo puedo, que nací para triunfar. Sé que estoy siendo egoísta, y lo siento, pero esa es la única forma de ganar.
—No tienes que demostrarle nada al mundo, solo tienes que demostrártelo a ti —murmuró entre dientes—. No me dejes, pequeña.
Lo miré, su cara miraba a la playa. El sol mañanero iluminaba su pelo y lo hacía parecer oro. Sus intensos ojos azules brillaban por las lágrimas retenidas.
Mierda, no podía hacer esto.
Puse mi mano en una mejilla, obligándolo a mirarme y me lancé a sus labios. Lo besé lentamente, con todos los sentimientos escondidos floreciendo entre nosotros. Sus manos se posaron en mi cintura y me apretó en su dirección.
Se me escaparon las lágrimas, a él igual, y ya no sabía si el sabor salado de mis labios era por su llanto o por el mío.
Cuando me separé de él, respiré hondo y enfoqué mis ojos grises oscuros en los suyos. Eran azules. Azules como el mar.
—He mandado un manuscrito que tenía desde hace un tiempo a varias editoriales —murmuré—. Y me alegraría dedicarte el libro si se publica.
—Para mi maravilloso novio y compañero de vida, por apoyarme y hacerme sonreír cada noche —citó, con una sonrisa socarrona—. Sí, me parece un buen inicio.
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Frenesí (LM #2)
RomanceAva Brown era una soñadora. Siempre con la cabeza metida en algún libro, sin darse cuenta de lo que pasaba en el exterior. El romance erótico era su categoría favorita, sin duda. Pero estaba cansada de solo leer las historias. Quería vivirlas. Y...
