d i e c i s e i s

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El ojiazul miraba por los pasillos desiertos, estos se encontraban así ya que todos los estudiantes se encontraban en sus respectivos salones. Seungmin miraba constantemente los pasillos para no ser encontrado. Cuando se aseguró de que nadie lo viera caminó rápidamente hasta encontrarse a unos pocos metros de la salida, pero cuando estuvo a casi de salir se detuvo brutalmente cuando escuchó unos pasos. Se guardó y miró al profesor de Literatura caminar hacia la dirección.

—¿Qué haces? —brincó asustado cuando escuchó una voz a sus espaldas. Se giró encontrándose con Christopher y soltó un suspiro de alivio.

—¡Joder me asustaste! —dijo llevándose una mano a su pecho intentando normalizar su respiración.

—¿Qué tratabas de hacer? —demandó con los brazos cruzados esperando una respuesta por parte del menor.

—Voy a escaparme —replicó con un poco de nerviosismo por la mirada de Chris.

—¿Por qué ibas a hacer eso? —preguntó el rizado acomodándose la mochila.

—Se me antojó un pedazo de pastel de galleta —contestó.

—Puedes esperar a la salida —informó.

—¡No puedo esperar! —Chan le dio una mirada alarmada. Bajó la voz—. Ya sabes lo que dicen, que si te aguantas un antojo capaz y el bebé sale con cara de pastel.

Christopher relajó las facciones conteniéndose para no reírse por las ocurrencias de Seungmin. El castaño reprimió una sonrisa.

—¿Qué cosas lees en Internet? —preguntó con una sonrisa en su rostro haciendo que sus hoyuelos aparecieran. Seungmin aguantó la respiración cuando lo miró. Amaba los hoyuelos de Chris y muy pocas veces tenía el privilegio de verlo sonreír de esa manera.

—Lo vi en una página sobre embarazos para madres primerizas —murmuró apenado.

—Bueno —sonrió un poco más—, en la cafetería venden varios tipos de pasteles.

Kim hizo una mueca de asco.

—Dios, no —chilló asqueado—, son realmente malos.

Christopher lo miró a ver confundido. Los pasteles que vendían en la cafetería no estaban tan mal. El rizado se preguntó si a Seungmin le sabrá mal por el embarazo o nunca le han gustado.

—Entonces espera a la salida —miró la hora en su teléfono—. Faltan dos horas. Tomas eso o nada.

—Sí, tomó la opción de escaparme —replicó empezando a a caminar por los pasillos para llegar a la salida dejando al rizado solo.

Chan se tomó de los cabellos furioso consigo mismo por no poder decirle que no a Seungmin, por no prohibirle nada al castaño. Lo alcanzó a paso rápido.

—Okey vámonos antes que nos vean —dijo Christopher. El castaño sonrió.

—No puedo creer que nos hayamos escapado —soltó Chris cuando pidieron sus pedidos.

—Pensé que ya te habías escapado antes —mencionó Seungmin apoyando sus brazos en la mesa y posteriormente apoyar su mentón en estas.

—Lo he hecho —notó—, pero dije que ya no lo volvería a hacer y mira, aquí estoy.

Seungmin rió mirando al rizado. Siempre había pensado en lo atractivo que era Christopher, y amaba la sonrisa del mayor cuando aparecían esos hoyuelos, aunque muy pocas veces le sonreía a él. No sabía lo protector y dulce que podría llegar a ser, hasta ese momento que le dijo que estaban esperando un hijo.

—No dije que me siguieras —dijo burlón. Sus ojos brillaron cuando la mesera llegó con sus pedidos.

—No quería que te pasara nada —contestó mirando como Seungmin comía su pastel y soltaba gemidos cuando la porción de pastel tocaba su paladar y cerraba sus ojos disfrutando el sabor a galleta.

—Pues no te preocupaba cuando me golpeabas —dijo con voz molesta—. Yo no te importo, solo te importa nuestro bebé.

Dijo dolido y así lo sentía.

—No sabes lo que dices —negó el rizado.

—Estoy seguro con lo que digo —dijo intentando que la voz no se le quebrara—, y no te culpo, yo tampoco quiero que le pase nada. Tal vez al principio era descuidado por correr por todos lados, pero me importa este bebé.

Dijo con la mirada en sus zapatos para no tener que mirar al rizado a los ojos. Sintió un peso a su lado. Levantó la mirada encontrándose con Christopher.

—Claro que me importas —tomó el mentón de Seungmin e hizo que lo mirara a ver a los ojos—. Tú y el bebé son importantes para mí.

—Christopher.

—Son sumamente importantes —juntó sus frentes. Kim cerró los ojos un momento fugaz y luego los abrió—. Cuando me preguntaste por qué te molestaba, ¿yo qué te respondí?

—Qué querías llamar mi atención —dijo sonrojado.

—Y es verdad, era un inútil en ese tiempo —Seungmin rió. El rizado admiró los ojos del menor antes de decir—: porque me daba miedo admitir que sentía algo por ti.

𝗨𝗻𝗮 𝗹𝗹𝗲𝗴𝗮𝗱𝗮 𝗶𝗻𝗲𝘀𝗽𝗲𝗿𝗮𝗱𝗮 | 𝐂𝐇𝐀𝐍𝐌𝐈𝐍Donde viven las historias. Descúbrelo ahora