d i e c i o c h o

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Cuarto mes.

—Muy bien —habló el doctor quitándose los guantes—, eso sería todo el día de hoy. Te daré algunas indicaciones para que puedas pasar tu embarazo de la mejor manera.

Seungmin se levantó de la camilla con ayuda del rizado. Caminaron hacia el escritorio del doctor. Ambos chicos se sentaron frente del escritorio.

—Primero que nada —habló el doctor—, tienes que llevar una dieta equilibrada y moderada. No comer por dos, sino bien.

Este punto no le gustó nada a Seungmin, él vivía de la comida chatarra y de las cosas dulces.

—No me preocupo por eso —explicó el doctor—. Sé que el señor, Bang, aquí presente hará que lo cumpla, de eso no hay duda.

—No se preocupe, doctor — asintió el rizado.

—También hacer ejercicio de manera moderada —Seung frunció el ceño—, como dar caminatas, practicar yoga, natación. Eso ayudará al bebé como a ustedes.

Ese punto tampoco le gustó para nada al castaño, sólo esperaba que el rizado no le obligara.

—Y último, reducir el consumo de té, café y refrescos y beber mucha agua. Eso sería todo.

—Muchas gracias, seguiremos todo al pie de la letra —agradeció Christopher.

—Ese doctor está loco —comentó Seungmin. Luego de salir del consultorio del doctor entraron a un restaurante.

—No seas molesto —protestó Chris terminando su pasta.

Lo que más le gustaba de estas semanas de embarazo, era el hecho de que las náuseas y vómitos, al igual que los mareos habían desaparecido por completo, pero por las noches tenía calambres y ardores después de comer.

El castaño rodó los ojos acariciando su vientre. Había estado creciendo más. El doctor les había dicho que era probable que en este mes pudieran sentir los movimientos del bebé y Seungmin no podía esperar para que llegara ese momento.

—Ven aquí, Seungmin —llamó al menor, este no rechistó y se sentó a lado del rizado, quien puso las palmas de sus manos en el vientre del castaño. Christopher tenía una adoración con el vientre de Kim, ya que no podía apartar sus manos de allí y amaba como el omega ronroneaba con las caricias y como a veces se quedaba dormido ante su tacto.

—Está loco si cree que voy hacer todo lo que dijo, ¿verdad? —dijo revoloteando sus rostros se acerquen—, mis dos bebés tienen que alimentarse bien.

—Llámame bebé una vez más y no me verás nunca más en tu vida, Bang —amenazó Seungmin. El ojiverde sonrió aun más.

—Amorcito —dijo burlón. El castaño abrió la boca para protestar, pero Christopher hizo algo que jamás pensó que haría.

Presionó sus labios con los de Seungmin. El mejor aguantó la respiración y abrió los ojos como platos con el corazón saliéndose del pecho y un sentimiento de cálido se instaló en su pecho.

Chan se alejó para luego volver a besarlo. Seungmin se sentía desfallecer, porque Chris lo besaba tan dulce. El beso era pausado, pero para ese entonces el castaño correspondía los besos tomándolo de los hombros.

—Mis bebés —susurró el rizado en medio de pequeños besos.

Kim se alejó sonrojado mirando los labios del ojiverde que se encontraban hinchados y las mejillas con un ligero color rojo.

—¿Por qué me besaste? —preguntó avergonzado. Ese beso hizo un remolino de emociones en su interior. Aún sentía como si sus labios se presionaran.

—Y-yo —balbuceo nervioso rascándose la nuca sin mirar al castaño deseando que alguien los interrumpiera—. Porque quería, no aguantaba tenerte cerca y no poder besarte.

—Christopher —el nombrado no lo dejó terminar porque lo tomó de las mejillas volviendo a besarlo.





𝗨𝗻𝗮 𝗹𝗹𝗲𝗴𝗮𝗱𝗮 𝗶𝗻𝗲𝘀𝗽𝗲𝗿𝗮𝗱𝗮 | 𝐂𝐇𝐀𝐍𝐌𝐈𝐍Donde viven las historias. Descúbrelo ahora