|38| Doble satisfacción

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Follé y bebí toda la noche.

Funcionó todo bien.

No tuve necesidad de luchar.

Esta noche, esta noche.

¡Lánzame lejos!

Juega estos pequeños juegos.

Funcionando todo bien.

Hoy, hoy.

Two Feet—Go Fuck Yourself.

Antes de poder hacer o decir algo fui arrastrada hacia la habitación de Lax, una vez allí pude observar que era inmensa. Poseía su propia televisión, aire acondicionado, una cama donde perfectamente cabrían los cinco, afiches de chicas desnudas en las paredes, las misma eran de color dorado y me encantaba.

—¿Lista?—preguntó Lax lanzandome a la cama.

—¿Qué? ¿Para qué? ¿Qué pretenden?—pregunte. Estaba atónita, hacía unos segundos estaba peleando con Male y ahora estaba aquí con ellos que decían que debía pagar las consecuencias de mis actos y que no los dejaría cachondos después de nuestro beso.

Mis ojos se abrieron extremadamente cuando Lax sin esperar más y con absoluta desesperación se bajó los pantalones mostrando aquel miembro de extremidades colosales y que en la parte superior brillaba ante la presencia de un piercing.

¡No podía ser!

Era cierto que Lax era el chico de los piercing, poseía uno en la ceja, otro en sus labios y aretes en sus orejas pero JAMÁS habría imaginado que tenía un piercing en la maldita polla.

Recordemos que cuando follamos fue en la biblioteca, el estaba frente a mí y yo deleitada, así que nunca mire su miembro. Resumiendo, era la primera vez que le veía aquello y era realmente un horrible error no haberlo visto la primera vez.

Lax Pride debería estar en una maldita tienda de exhibición.

Su cabello negro brillante, sus ojos grises destilando deseo, sus labios curvados en una sonrisa perversa, sus pectorales tan sexys, su abdomen marcado, sus brazos fuertes, sus piernas rudas y musculosas con la leve presencia de vello.

Volví a mirar su polla.

—¿Y?—dijo el chico desnudo ante mí.—¿Te quedarás ahí o vendrás a probarme?

Mi cuerpo se movió solo.

Antes de un parpadeo estaba arrodillada frente a Lax Pride. ¡Joder, hacía unas semanas había jurado jamás arrodillarme ante ninguno de ellos!

—Normalmente no me arrodillo ante los hombres, pero haré una excepción solo por este rudo capitán Garfio.—las palabras solo salían de mi boca. Ni yo misma sabía por qué le decía «Capitán Garfio» a su polla.

—Pues mete al capitán Garfio en tus mares.—dijo sonriendo. Él si le había buscado el sentido al apodo.

Sin pensarlo más me metí su estrepitosamente grande miembro en mi boca.

Había hecho sexo oral pero jamás como aquello. Aquella experiencia me marcó y me mojó desde que sentí su polla en mi boca.

Su tamaño hacía que no pudiera entrar completa y aún así sentía que me faltaba la respiración y me atragantaba con su polla en mi garganta. Aquella sensación de falta de aire me ponía muchísimo. Es extraño de explicar pero era maravilloso todo lo que sentía en ese momento, su sabor, el sabor metálico del piercing, la manera en que ocupaba cada espacio de mi garganta con su colosal amigo.

Comencé a mover mi cabeza, sus gemidos eran tan sexys que podría alcanzar el clímax solo escuchándolo.

Saqué su miembro para luego volver a la tarea de lamer y chupar cada parte de su esencia como si fuese la última vez que haría algo así.

H E A V E N ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora