"ambos vivían actuando a ser la pareja perfecta"
Kim Sunoo es el ídolo del momento, tan amado por todos los jóvenes pero repudiado por su propia familia por no seguir con la carrera de abogado.
Lee Heeseung, un empresario joven que es conocido por s...
El paisaje a través de la ventana era hermoso, heeseung lo veía como aquello que deseaba alcanzar, esa era su meta diaria que lamentablemente nunca completaba. Veía su alrededor vacio, pero imaginaba a muchos niños jugando fuera, niños que le pedían jugar juntos. Niños.
Su rostro se recargaba en su mano y sinceramente había perdido la noción del tiempo a pesar del tictac del reloj que le volvía loco si le prestaba atención. El menor en su ensoñación formó una gran sonrisa en su rostro, imaginando una tarde soleada donde pudiera reír a carcajadas todo lo que quisiera, sin limitaciones, sin miedos, sin...
—¡Atención! — la regla sonando contra su escritorio le hizo regresar a su realidad. Su mirada dejó la ventana y se fijó en aquella vieja mujer que le daba tutorías.
El Heeseung de siete años tragó en seco, pero no tardó mucho en ponerse de pie y hacer una reverencia a la mujer para mostrarle sus disculpas, sin embargo, esta lucia más que molesta.
—¿Cuántas veces te he dicho que me prestes atención? Un buen jovencito no se distrae por cosas tan estúpidas como una ventana — heeseung asintió efusivamente para volver a sentarse en su escritorio y seguir copiando las planas que la mujer le había dejado.
El día anterior había comido un chocolate de su padre sin permiso así que su castigo era escribir no debo tomar las cosas del señor lee quinientas veces y a penas y podía con su mano cuando llevaba doscientas repeticiones.
—señorita, me he cansado — comentó sacudiendo su mano —. Me encantaría salir a jugar — pide, pero solo recibe una risotada por parte de su tutora.
—¿Jugar? Las consignas del señor Lee fueron claras — dijo para cerrar con fuerza el libro que mantenía en la mano.
La mujer se caminó por toda la habitación, siendo seguida por la mirada del pequeño Heeseung quien realmente quería salir un rato. La mujer caminó lentamente hasta llegar a la ventana y señalando el patio hizo que el menor se ilusionara tanto que sentía su corazón salir de su pecho.
—¿¡Me llevará!? — cuestionó el menor con brillo en sus ojos, demasiado emocionado para contener sus movimientos corporales.
—no — y tras esas palabras dejó caer las cortinas en un abrir y cerrar de ojos —. Y ahora queda prohibido tener la ventana abierta ¿Si? — cuestionó volviendo a caminar hacia el niño —. Los niños buenos deben aprender, jugar no te servirá de nada si quieres hacer sentir orgulloso a tu padre.
—pero...
—¡silencio, no tienes permitido hablar hasta que vea tu tarea completada! — el menor tomó de nuevo su pluma para seguir repitiendo y prefirió no decir nada para no escuchar más gritos.
trató de ignorar el dolor en su manita con la idea de que su padre le felicitaría por su obediencia y buen trabajo. ¿Y quién sabe? Quizá su padre le llevaría a su madre y a él al parque de diversiones ahora que sería su cumpleaños.
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