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acting

Heeseung siempre se consideró como un tipo desalmado al que solo le importaba su propio beneficio y satisfacción. Siempre había sido así... Pero ¿Quién podía culparlo? Nadie le enseñó a sentir empatía y mucho menos habían sentido lo que él sentía cada que la luna aparecía en el cielo, pero lejos de verse hermosa le hacía temer a la oscuridad.

Heeseung creyó por mucho tiempo que para dejar de tener miedo debía ser él quien sembrara pánico en los demás, ser él el sujeto poderoso al que nadie podría lastimar de ninguna manera posible. Lee Heeseung era odiado por muchos que pedían empatía de su parte, pero... ¿eran empáticos con él?

La respuesta era clara y sencilla. No, un no gigante con letras rojas. Nadie nunca pensó en Heeseung como una víctima del destino, nadie nunca se preguntó porque perdía la paciencia tan rápido, porque actuaba tan altanero y autosuficiente. Nadie nunca se dignó a preguntarle si estaba bien o mal.

Se refería a palabras, palabras que le devolvieran el aliento, no miradas que eran difíciles de interpretar cuando su cabeza ya dolía demasiado. ¿Cómo podían culparlo cuando él era un sujeto lastimado, un sujeto herido que buscaba esconder todo ese sufrimiento? Porque su padre le repetía mil veces que solo un hombre débil se dejaba llevar por los conflictos y aunque Heeseung ya no se reunía mucho con su padre, aún puede escucharlo en su mente.

Lo aborrecía, así como él le había enseñado, porque si, el señor Lee no solo le enseñó a ser un prodigio, sino que le enseñó que odiar era vital para sentirse vivo, para sentir que no era difícil sobrellevar la vida.

Heeseung vivió demasiado con ese pensamiento, creyendo que era un asco por sentir tanto odio, pero sabiendo que no podía evitarlo, porque ya era parte de él, ya era una extensión suya que a diario crecía al ver a la gente que seguía haciendo todo mal.

¿acaso él no era golpeado ante el mínimo error? si, Lee Heeseung había aprendido a golpes y maltratos que no hay espacio para los errores en una vida perfecta y definitivamente los Lee debían tener una vida de la cual se sentirían orgullosos.

Y ahí iba el primer error, porque a pesar de haber hecho todo lo que su padre pidió, Heeseung no podía decir que era feliz, al menos no se lo podía repetir así mismo hasta que su inconsciente se lo creyera.

Creyó que cada noche sería un martirio que al día siguiente se volvería en una nueva pesadilla, odió, odió y de nuevo odió a cada persona que se le pasaba en frente. Pero un día dejó de odiar todo para prestar su atención a una sola persona. kim Sunoo. Si le hubieran pedido describirlo antes probablemente hubiera dicho que es un simio revoltoso.

Sunoo era tan distinto a él, tanto que le daba un tic en el ojo al verlo ser tan...libre. Odiaba que Sunoo fuera tan valiente como para desafiar a su propia familia y que aun así miles de desconocidos lo amaran. Heeseung siempre fingió no necesitar amor, pero muy en el fondo deseaba ser el motivo de la sonrisa de alguien. Ya saben, que alguien dejara de pensar de él como un hijo de puta y que le entendiera, que le dijera que todo estaría bien, porque no era malo.

Lo había encontrado y definitivamente ahora podía descifrar las miradas sencillamente. No era difícil, no cuando ese chico le veía con tanta ensoñación, le veía como siempre deseó ser admirado y le tocaba con tal delicadeza que ya no temblaba ante el contacto físico como lo hizo alguna vez.

Sunoo le hablaba tan dulce que Heeseung sentía que podía luchar contra toda la amargura que algún día le invadió y sobre todo, sunoo se fundía en sus brazos tan cómodamente que Heeseung podía aspirar los aromas cítricos del chico. Ya no era insípida su vida, ahora tenía no solo un color o un aroma, tenía a todo el jodido arcoíris y a todos los aromas existentes jugueteando con su nariz.

acting - HeesunDonde viven las historias. Descúbrelo ahora