CAPÍTULO II. En la plaza.

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"I gotta be cool, relax. Get hip and get on my tracks. Take a back seat, hitchhike and take a long ride on my motonoke until I'm ready. Crazy little thing called love..."

Agitaba su cabeza al compás de su canción favorita, los grandes auriculares que cubrían sus orejas le mantenían aislado del barullo que la playa contenía. El universitario jugaba con el paisaje mientras lo pintaba en su preciada libreta de dibujos, siempre era agradable humedecer sus acuarelas en cualquier lugar que disparase su imaginación.

Mientras coloreaba el cielo con un tono más azulino que el océano, sintió como las patas de un perro correteaban a su lado. Lo ignoró, ya que no le molestaba, así que continuó con la suavidad de sus pinceladas sobre la página que yacía con el boceto del paisaje admirado por Louis.

Sin embargo, cuando fue a rodear la figura del sol para no mancharla de azul, los correteos de ese animal mancharon su dibujo de arena. Arrugó sus cejas, dolido por ello y buscando la manera de limpiar el desastre que ya no tenía solución.

—¡Lo siento, lo siento! —alzó su cabeza cuando imaginó que aquellas disculpas eran del dueño del cachorro, quitándose, de esa manera, los auriculares.

Allí descubrió que se trataba del profesor de baile de su hermana pequeña, Harry le miraba con una expresión llena de arrepentimiento. El golden retriever se detuvo al lado de Louis, no pudo evitar llevar sus dedos hasta el pelaje del animal para darle unos mimos tras las orejas.

—Está bien, solo jugaba —afirmó no estar molesto.

—Topanga es un poco inquieta —explicó, enseñando la pelota de tenis que resguardaba en su mano izquierda.

Apenas llevó sus índigos hacia la silueta de Harry, necesitó tragar saliva para disimular el haber quedado impactado con el porte físico del pianista. Su cabello húmedo permanecía peinado hacia atrás, humedeciendo, con cada una de las gotas que caían, su entrenado cuerpo de bailarín. Por no mencionar que no esperaba verle más tatuado que con los únicos tatuajes que pudo verle dos mañanas atrás.

—Te estaba quedando precioso —Harry habló de nuevo ante el silencio que Louis instaló, sintiéndose avergonzado al haber contemplado todo el cuerpo del adulto de forma descarada—. ¿Te había costado mucho?

—En realidad no, solo era un boceto —puso su mano sobre su frente por la molestia del sol en su cara, regalándole una pequeña sonrisa.

—De todas formas, acepta mis disculpas —pidió de nuevo, agachándose cuando Topanga reclamó su pelota una vez más.

—Perdonado —amplió su mueca de felicidad, admirando de más cerca los verdes orbes del rizado.

Harry dejó ver su perfecta dentadura y un par de hoyuelos en sus mejillas cuando sonrió lleno de gratitud, se puso de pie una vez más y le tendió la pelota a Topanga.

—Seguiré jugando con ella, ¿nos vemos mañana?

Louis se quedó totalmente dormido las últimas dos mañanas, prometiéndole a su hermana que ya no fallaría otro día para llevarla a sus clases de ballet.

—Nos veremos, si —aseguró, agitando su mano a modo de despedida cuando Harry lanzó la pelota y se fue detrás de la golden retriever.

Louis le persiguió con la mirada, sin percatarse de cómo mordía su labio inferior al ver su ancha espalda y esas estrechas caderas. Alejó sus ojos de Harry como si le hubiesen dado calambre al escuchar su nombre cerca de la orilla y dándose cuenta de que se había sentido atraído por un hombre que le sacaba más de cinco años.

¡Era algo incorrecto!

Intentó limpiar un poco más la arena mojada de la libreta, viendo que habían quedado manchas simulando una noche estrellada; podría hacer algo con ello. Apenas fue a humedecer el pincel de nuevo, unos pequeños pies pararon delante del cuaderno, viéndose obligado a cerrarlo para evitar que el cabello de Babi mojase su dibujo.

HISTORIA DE VERANOHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora