—Estamos en casa de Manila, pensaba que lo sabias.
—¿Cómo que estás en...?
Harry sonrió a su lado, viendo como las mejillas de Louis se habían colorado por milésima vez en el día. La conversación que estaba teniendo con Meredith por teléfono, le estaba haciendo sentir completamente avergonzado.
—¿Cómo que estas en casa de Manila? —repitió, finalizando la pregunta. Agachó su cabeza levemente para dejar de sentir la mirada Harry en su rostro.
—Te envié un mensaje, Lou. Hemos pasado la tarde en casa de Chlorine y las niñas han insistido en cenar juntas.
Quiso comprobar lo dicho por su madre, poniendo el altavoz para verificar sus palabras. Los mensajes estaban ahí, pero Louis estuvo más interesado en Harry durante toda la tarde, su teléfono pasó a un segundo plano.
—No lo había visto —murmuró, presionando sus labios en rendición—. Está bien, mamá. No te preocupes.
Una vez se despidió de Meredith, lanzó su teléfono a la mesa de la cocina, cruzándose de brazos mientras buscaba los ojos de Harry. Este estaba apoyado en la encimera de mármol blanco, mordiendo su labio inferior para esconder la mueca de felicidad que sus hoyuelos le delataban.
Louis podría derretirse ante el escritor si este no dejaba de mirarle de esa manera, cada característica de su físico le hacían tragar saliva, conteniéndose por no babear por él, delante de su presencia. Harry poseía una hipnótica labia, su elocuente habla robaba toda la atención de Louis. Causaba en el muchacho, sentimientos que nunca nadie logró crear bajo la suave capa de inocencia que le envolvía.
Harry era adictivo.
—Mi familia no estará para cenar —dijo después del silencio, pensado que aclaró alguna duda para Harry.
—Eso me parecía —Harry soltó una risilla nasal, peinando un par de rizos que caían sobre su mirada—. ¿Qué te apetece hacer, entonces?
Louis se encogió de hombros, la respuesta que quería escaparse de su boca estaba siendo sellada de forma débil. Le encantaría que Harry se quedase a cenar junto a él, quería pasar tiempo a su lado. Por no mencionar que odiaba estar solo cuando la noche comenzaba a caer.
—La verdad es que me apetece cenar contigo —Lo soltó, queriendo llorar de la angustia por la repentina tensión que se respiraba entre ellos. Harry había borrado todo tipo de mueca en su rostro.
—Veamos que tienes en la nevera... —accedió. Harry accedió a cenar con Louis.
El más joven le persiguió con la mirada, asombrado por como Harry buscaba cualquier cosa en el electrodoméstico para poder cenar. ¿Harry también quería pasar tiempo con Louis? ¿O tan solo era para que no se sintiese solo? ¿Se estaría obligando a estar con Louis?
—Harry... —tenía una pequeña corazonada, sentía que algo no estaba yendo bien—. No es necesario que te quedes a cenar si realmente no te apetece.
—Quiero —aseguró, sin encontrar nada apetecible en la nevera—. Pero no sé qué comeremos.
Louis ladeó la cabeza algo más tranquilo, encaminándose al refrigerador para comprobar que en su interior no había nada que diese ganas de cenar. Frunció sus labios de forma pensativa; su madre compró el otro día algo para cocinar una tarta de chocolate, quizá...
—¿Te apetecería comer una tarta de chocolate? —escondió sus manos por detrás de su espalda, balanceándose sobre sus pies a la espera de una respuesta.
Harry asintió, lamiéndose los labios.
—Hace años que no como una tarta de chocolate.
La sonrisa de Louis expresaba deleite, se acercó a las alacenas donde vio que Meredith guardó la cajita y lo posicionó en la encimera para leer las instrucciones junto a Harry. Parecía sencillo, tan solo sacó un bol grande, ya que pedía que todo se mezclara con energía hasta que no quedasen grumos. Pero entonces... ¿Por qué a Louis le había quedado lleno de horribles grumos?
ESTÁS LEYENDO
HISTORIA DE VERANO
FanfictionLouis Tomlinson terminó su primer año en la universidad de Londres, sintiéndose lleno de ilusión al saber que podría volver al pequeño pueblo costero donde su familia residía. Incluso podía imaginarse los gritos que daría su hermana menor cuando se...
