Al final, Louis se arrepintió de no haber cancelado la quedada con sus amigos, pues después de que Niall se encargase de emocionarles con el maravilloso juego que compró en la tienda de las afueras, descubrieron que les engañó un poquito para pasar la tarde jugando al parchís.
No fue una mala tarde, con sus amigos nada era malo.
En ese momento se dirigía a casa de Harry, su cuaderno en mano había sido revisado ligeramente para no hallar ninguna sorpresa que le delatase. Louis seguía sin comprender como el escritor podría sacar alguna historia de sus dibujos, eran paisajes y figuras humanas simples.
Una vez detuvo su caminata para llamar al timbre de la villa de lujoso aspecto, su corazón bombeó con fuerza tras percibir los pasos de Harry encaminándose a la puerta. El entusiasmo que recorría sus venas, no disminuía al ver los verdes orbes de Harry, pero si crecía con facilidad.
—Hola, Lou —saludó el adulto, inclinándose ligeramente para dejar un beso en los labios del universitario, sin embargo, este se apresuró a entrar en la casa—. ¿Me acabas de negar un beso?
—Harry, las calles tienen ojos.
Apenas se encerraron en la soledad del domicilio, permitió que el rizado se acercase de nuevo a su cuerpo, regalándole una adorable sonrisa antes de ser besado. Las manos de Harry se colocaron en su cintura, pegándole todo lo posible a su cuerpo, como si necesitase tenerle así de cerca.
Louis se dejó totalmente sumiso ante la lengua del pianista. Manejaba el beso a su antojo y eso le causaba cosquillas en el estómago. Alzó sus manos con la intención de rodear el cuello del más alto, sin tener que ponerse de puntillas gracias a la leve inclinación del contario.
Dejaron esa exquisita sensación a un lado cuando Harry comenzó a respirar más pesadamente, decidiendo que era suficiente por el momento.
—He preparado todo para hacer la tarta —murmuró, soportando la tentación de volver a unir sus labios con Louis.
—¿Es de frambuesa? —musitó de igual manera.
Quiso besarle de nuevo, eliminando los pocos milímetros que les separaban, sin embargo, Harry se alejó ligeramente con media sonrisa coqueta.
—Será de lo que tú quieras, Louis.
—Frambuesa está bien.
Se adentraron en la cocina donde Louis descubrió que sus palabras fueron literales; sobre el mármol de la isla habían un par de boles y, alrededor, estaban la harina, huevos y de más ingredientes para hacer un dulce bizcocho.
Comenzaron con la mezcla y, esta vez, Louis prometió que lo batiría bien a la primera. Así que, cuando se adueñó de la varilla metálica que Harry poesía, se aseguró de no dejar ni un solo grumo para ser felicitado por el adulto.
—Wow... —Harry fingió un gran asombro.
—Ni un solo grumo, me ha quedado precioso.
El bailarín fingió no ver que era una mixtura homogénea, robándole el utensilio a Louis para mover un poco el espeso liquido color crema.
—Realmente te ha quedado maravilloso, muy bien.
Louis celebró su victoria mentalmente, observando como Harry lo vertía en una bandeja redonda y lo introducía en el horno con cuidado de no derramar nada.
—Enséñame tus dibujos mientras esto se hace —Harry habló de nuevo, dirigiéndose al salón junto a Louis.
Allí se encontraron con Topanga, parecía estar aburrida hasta que vio a los dos hombres, saltando feliz hasta Louis. El pintor la recibió agachado en el suelo, cayéndose de culo en el momento que no midió que la perrita ya no era tan pequeña y ahora tenía más fuerza.
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HISTORIA DE VERANO
FanfictionLouis Tomlinson terminó su primer año en la universidad de Londres, sintiéndose lleno de ilusión al saber que podría volver al pequeño pueblo costero donde su familia residía. Incluso podía imaginarse los gritos que daría su hermana menor cuando se...
