Capitulo 24: Marcas de guerra y Deseo

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En cuanto las palabras "no te vayas" escaparon de mis labios, el aire en la habitación pareció electrizarse. Jungkook, con esa intensidad salvaje que siempre lo ha definido, no perdió un segundo; se abalanzó sobre la cama y comenzó a besarme con una desesperación que me dejó sin aliento. Intenté mantener una fachada de resistencia por un segundo, solo por orgullo, pero fue inútil. Mis defensas se desintegraron ante su tacto.

​— Jimin, no tienes idea de cuánto había ansiado volver a tenerte así —susurró contra mi piel, su voz era un rugido bajo cargado de necesidad.

— ¡Ahhh! Jungkook... por Dios... ¡cállate y bésame! — respondí, mientras mis manos buscaban desesperadamente deshacerse de su ropa al tiempo que él hacía jirones con la mía.

​Cuando finalmente estuvimos desnudos, la tensión acumulada durante años explotó en un incendio incontrolable. Jungkook fue meticuloso, preparándome con una paciencia tortuosa que contrastaba con el fuego de su mirada, hasta que finalmente se unió a mí en un solo cuerpo.

​— Mierda... estás tan apretado, tigre... — gruñó entre dientes, sujetando mis caderas con una fuerza que prometía dejar marcas, embistiéndome con un ritmo que me hizo perder la noción de quién era el cazador y quién la presa.

— Tan grande... — gemí, perdiendo el sentido de la realidad, saltando sobre su regazo para ser yo quien dictara el ritmo de aquella batalla de piel contra piel.

​Follamos durante horas, como si el mundo fuera a consumirse al amanecer. Cuando el cansancio finalmente nos venció, me obligó a recostarme sobre su pecho, rodeándome con sus brazos como si temiera que me desvaneciera.

​— Eso fue... increíble — soltó él, con la respiración aún agitada.

— No puedo decir lo mismo — mentí, intentando rescatar los jirones de mi dignidad profesional.

— Eso no es lo que decías hace diez minutos cuando gritabas: "¡Ay, Jungkook, sí! ¡Ahhh!" — dijo, imitando mi voz aguda con una burla insoportable.

— ¡Maldición! ¡Cállate de una vez! —le propiné un golpe seco en el pecho que le arrancó un quejido real.

​— Te extrañé, Tigre. No sabes cuánto me dolió estar lejos de ti.

— ¿Siempre haces eso?

— ¿Qué cosa?

— Decir cursilerías baratas después de cogerte a alguien.

— No — respondió, y sus ojos brillaron con una honestidad que me desarmó —. Eres el primero al que le digo estas cosas. Eres especial... después de todo, perdí mi virginidad contigo.

— ¡Ahg! ¡Maldito mentiroso! Deja de decir estupideces — le golpeé de nuevo mientras él se reía a carcajadas, atrapando mis muñecas con facilidad.

​— Bien, no soy virgen, pero siempre serás el "primero" en mi lista de prioridades. ¿Y tú?

— Tampoco eres el primero, he estado con muchos... de hecho...

— Maldición, eso es algo que no quería saber — me cortó, y su mandíbula se tensó de forma peligrosa —. Me dan ganas de ir a buscar a esos imbéciles y borrarlos del mapa solo por haberte tocado.

— Lo dice el hombre que se ha acostado con medio país. ¿Con qué derecho me reclamas, Jeon?

— ¡Oye! No exageres... no ha sido medio país.

​Intenté levantarme, pero me jaló de vuelta hacia él, obligándome a hundir el rostro en su cuello.

— ¿A dónde vas?

𝐊𝐧𝐨𝐰𝐢𝐧𝐠 𝐥𝐨𝐯𝐞 𝐢𝐧 𝐚 𝐫𝐞𝐯𝐞𝐧𝐠𝐞Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora