Parte 24

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Izuku sonreía mientras guardaba sus pocas cosas. Había aceptado vivir con el bicolor, sus padres se habían sorprendido cuando les había dado la noticia, pero no les quedó otra que aceptar.

—¿Vas a vivil con tío Shoto? —preguntó Kai.

—Así es, gordito... Pero tú ya deberías estar abajo esperando a tu padre —dijo el peliverde revolviendo el cabello de su pequeño sobrino.— Anda, sal de mi cuarto, si no ayudas, no estorbes.

Kai rió y salió de la habitación, Izuku siguió guardando sus cosas, sólo eran unas cuantas; su ropa, aparatos electrónicos importantes y sus artículos personales. Shoto le había dicho que no necesitaría más, en su departamento había todo lo necesario.

—¿Puedo pasar? —preguntó Inko desde el marco de la puerta. Izuku la miró y sonrió asintiendo.— No sé si me voy a acostumbrar a no verte a diario.

—Mamá, vendré a visitarlos.

—Lo sé, cariño. Quiero qué sepas qué si algo llega a salir mal con Shoto, ojalá no sea así, aquí siempre estará tu casa.

—Lo sé mamá, pero presiento que nos irá bien —musitó — Tal vez tengamos algunas discusiones, pero, lo superaremos porque siempre ha sido así.

—Lo sé hijo, y deseo de todo corazón que les vaya bien —Izuku abrazó a su madre— Ahora sí, tu padre y yo nos quedamos solos. —comentó su madre con nostalgia.

* * * *

Keigo se relajaba cerca de la piscina, tenía unos lentes oscuros sobre sus ojos cubriéndose del sol, su computadora sobre su regazo y su celular a un costado de su silla.

—Limonada para el calor —anunció Rei llegando con una jarra y dos Vasos, Keigo le ayudó a dejarlos sobre la mesita que estaba frente a las mecedoras.

—Gracias, esto es estresante —se quejó— No pensé que fuera tan difícil.

—Bueno poner un negocio siempre es difícil y lleva un poco de tiempo, tienes que tener paciencia —explicó Rei.

—Lo sé, pero bueno... ¿Cómo les fue ayer? —preguntó  con una sonrisa pícara. Su cuñada se sonrojó.

—Bien... —respondió. Keigo se cruzó de brazos y la miró levantando una ceja.

—Bien ¿cómo?; ¿bien bah?, ¿Bien Mmm? O ¿bien Ooh...?

Ella rió más sonrojada y le dio un golpecito en el hombro.

—Estuvo... "bien Ooh" —murmuró avergonzada y bajando la cabeza.  Keigo dio un grito agudo.

—¡Oh señor del arcoiris! —exclamó entusiasmado— ¡¿Lo hicieron?! ¡Jovencitos calenturientos! —Rei se cubrió el rostro con las manos.— Ya se me antojó.

—¡Keigo! —chilló  riendo. él también rió.

—Debería conseguir a alguien que me de calor por las noches —murmuró el hombre— si no es calor, entonces algo más.

—Dios mío... no tienes vergüenza. —comentó la mujer.

—¡Mira quién habla! —dijo  incrédulo— ¡la mujer que acaba de decir que su noche estuvo "bien Ooh"

—No me vas a dejar en paz con eso ¿cierto? —intuyó la mujer

—No mientras me eches en cara que tú si tienes quién te dé leche caliente en la noche

—KEIGO —Rei le  gritó causando la risa de su cuñado.

—Debiste haber visto tu cara... — Keigo entre risas.— ¡Ay señor! —soltó una carcajada— ¿Por qué seré tan simpático?

Padre SolteroDonde viven las historias. Descúbrelo ahora