Parte 15

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Narra Catherine

Erik aceptó comer al final, no tuve que insistirle tanto, yo comí junto a él, fue algo incomodo, pero aun así me agradó hacerlo.

- ¡Oh! Erik, tengo una pregunta para hacerte - dejé mi pequeño plato a un lado, estábamos sentados en una mesa para dos personas. Él dejó de comer y puso su tenedor a un costado del plato, solo dejó un pequeño trozo de lasaña.

- ¿Que sucede? - Siempre lucía algo irritado cuando habla.

- Hoy me crucé con un... ¡Un hombre-flotante-de-llama!, ¿Sabes algo de él?

Narra Erik

Catherine es una muchacha muy insistente, y habla muchísimo, me producían cierta irritabilidad.

- ¿Hablas del mata ratas?, Ese hombre no está en mi territorio. ¿Qué hacías por su zona? - debía admitir que me dio algo de gusto comer esa lasaña Boloñesa. - Es extraño que el persa no te haya hablado de él.

- Uh, no sabía que habían "territorios" por aquí. Y, ¿Por qué es extraño? - ella me miró confundida.

- ¡Solo digo!, Porque al parecer él te conto tantas cosas de mí, no le costaba advertirte sobre él. ¡Ja ja ja! - Reí de manera sarcástica, siempre lo hacía. Apoyé mis manos sobre la pequeña mesa y traté de levantarme, me sentía muy pesado.
Había dejado de comer desde antes de que Christine se fuera de aquí... -Aunque aquella vez en que encontré las medialunas no me resistí-. Yo ya sabía cómo acabaría todo y me dejé morir lentamente, pero aquí estoy.

- ¿Necesitas ayuda?, ¿A dónde quieres que te lleve? - Apenas se levantó para ayudarme yo me negué, aún podía moverme solo, un poco.

- ¡No gracias!, Yo puedo solo, no soy un niño. Mejor vete ya, que quiero estar solo. - Me fui cojeando llevarme hasta la puerta que me llevaba hacía afuera y la abrí.
- Anda, fuera. - La estaba echando.

- ... ¿Me estás echando?, ¿Erik? - Eso la estaba molestando, pero aun así vino hasta la puerta y salió, yo fui detrás de ella.
- Bien, te dejaré la canasta con comida, ¡Aunque me estés echando! -

- Bien, muchas gracias - le agradecí fingiendo una sonrisa y una leve reverencia para luego cerrarle la puerta en la cara, necesitaba que se fuera, toda la noche había pensado en la función que habría hoy, y quizás iría.

Busqué mi traje negro, mi chaleco rojo, mi gran capa negra y mis buenos y elegantes zapatos. La verdad es que sí, estaba bastante flaco, pero no me importaba, nadie iba a verme...
Arreglé mi cabello frente al espejo del baño, estaba sucio y grasoso, debía bañarme, pero tardaría mucho y no tengo tantas fuerzas como para hacerlo.

Quedé parado allí, mirando mi máscara.
Me la quité y me miré por un largo tiempo. Era espantoso para todos, era un monstruo, aunque él único que jamás tubo terror de mi rostro, fui yo mismo.
¿Por qué a mí?

Creí que Christine me amaba por como soy, pero cuando vio mi rostro todo cambió completamente, ella me tenía terror.
Nunca nadie me quiso. Ni siquiera mi padre y mucho menos mi madre...

Cuando nací ellos sentían terror hacía mí, ellos creían que yo era un castigo de Dios, me obligaron a usar una máscara, porque no podían ni mirar mi rostro. A los 11 años me fui de casa, no soportaba tanto rechazo, y no quería hacerlos sufrir más. Viaje por toda Europa, trabajando en un circo, como una rareza, también era muy bueno en los trucos de magia o representaba algunas obras musicales conocidas en ese entonces.

Luego el Sha-in-sha se enteró de mis dones, y le dijeron que era muy bueno en la arquitectura, fue allí cuando conocí al persa, él había viajado para encontrarme y llevarme con el sultán. Hice un palacio magnífico, pero el Sha-in-sha lo adoraba tanto que mando a matarme para que no trabajase con ninguna otra persona. Y no solo hice eso en aquel palacio, me encargaba de entretener a la pequeña sultana haciendo cosas horrorosas. Luego de eso fui a Asia Oriental, pero ya es otra historia.

Me puse mi máscara nuevamente y fui cojeando hasta la salida, Catherine ya se había ido. Me pregunto por dónde era que ella ingresaba, había muchas entradas. Lo más seguro era que lo hacía a través del palco número 5.
Fui con mucho cuidado hasta el bote y me subí, podía escuchar a la sirena cantar, a parte de mí había muchas otras "criaturas", como el mata ratas, no sabría explicar por qué estos existen, ni como yo puedo vivir abajo en lo más oscuro.

- ¿A dónde vas, Erik? - Dijo una hermosa y delicada voz. Era la sirena. Algunas veces salía a la superficie.

-A lo de siempre, ¿No? -

- Oh, ¿Y no me traerás nada? - Su manera de hablar la hacía ver más atractiva.

- ¿Qué quieres que te traiga? - le respondí sin prestar mucha atención, yo solo estaba concentrado en llegar hasta el otro lado.

- No lo sé, podría ser... Aquella muchachita que se fue hace media hora. - La miré, ella estaba apoyada en mi bote, jugando con mi lazo de Punjab, eso me molestó, pero si llegaba a tratar de quitárselo me arrastraría a lo más profundo seguramente.

- ...No -

- ¿Por qué?, Hace mucho tiempo que no me traes a nadie ...y me debes lo del hombre - se refería al persa, casi lo mata. Antes solía traerle personas, ella me lo pedía muy seguido.

- lo siento, pero cuando esté en mejores condiciones lo haré. - Al fin llegué al otro lado y bajé del bote.

- ¿Y qué pasó con tu prometida?, luego de la última vez que la vi no volvió, que extraño. - ella lo sabía muy bien, quería hacerme molestar.

- Dejé que se fuera. - ella iba a decir algo, pero no se lo permití, me fui entre la oscuridad por los pasillos que me llevarían al mi palco.

Cuando llegué me senté en mi gran silla, la gente estaba llegando y se acomodaba en sus asientos. El escenario estaba vacío aún. Esto me hizo recordar a a Christine...

¿Cómo estará ella?, ¿Estará siendo feliz?, ¿Acaso me recordará?

Me pregunto a cada momento lo mismo. Lo más probable es que ni piensa en mí, y si lo hace solo siente horror por mi rostro.

Paso como media hora cuando el escenario se iluminó y la música empezó, no era muy entretenido al comienzo solo bailaban y daban saltos por todo el escenario, solo me llamó la atención que Catherine no estuviera allí.
Quizás la sirena la arrastró a lo más profundo y me tiró una indirecta con esa pregunta de hoy, todo es posible, también podría ser que se perdió.

Cuando al fin empezaron a cantar vi a una mujer joven, con una máscara. Su voz tan hermosa me era familiar.
Si ... Se parecía mucho a... A...


Mi corazón empezó a palpitar con tanta fuerza que por un momento pensé que este se me saldría.

¡Era Christine!


Salté de mi asiento y me incliné. Ella me miraba, era la única que sabía que estaba aquí, sin duda era ella, cantaba con amor, con sentimiento.


Me cantaba a mí, pero a la vez también le cantaba a Raúl, él estaba en el palco de al lado, yo lo miré con rencor, pero me prometí que dejaría a Christine ser feliz con su hombre, no podía lastimadas.


Me senté lentamente en mi silla mientras miraba a Christine, no podía despegar mi mirada de ella, había creído que se fue muy lejos con su amado, pero no, aquí están, quizás cantando por última vez y esto no me lo podía perder.

Mi Christine...

El Fantasma de la Ópera GarnierHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora