El persa y el Conde Chagny Segunda Parte. La cámara de los suplicios.

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Los minutos que ambos pasaban se hacían interminables. Conversaron sobre la manera en la que podrían salir, pero ninguna era eficaz, pero de momento a otro escucharon algo del otro lado de los espejos, era la voz de una joven, ¡Era la voz de Christine!, ¡Christine estaba allí! El joven Raúl y el persa se miraron por unos segundos y corrieron hacia los espejos y apoyaron sus orejas para escuchar mejor, parecía que ella estaba sola, así que sacaron valor para hablarle y pedirle que los ayude a salir de ahí. Raúl sonrió y habló.

- ¡Christine!, ¡Amada mía!, ¿Estás ahí?, ¿Eres tú? - Estaba desesperado y el hecho de saber que su futura mujer estaba viva lo ponía muy feliz. La joven se oía muy nerviosa.

- ¿Raúl?, ¿Dónde estás?... - Su voz era cansada y pesada, cuando escuchó la voz de Raúl sus ojos volvieron a la vida. Quiso levantarse de la silla en la que estaba y ver de donde salía su voz, pero desgraciadamente esta no tenía fuerzas.

- ¡Estamos yo y el persa atrapados en una... habitación de espejos!, ¿Estás bien?, ¿Puedes sacarnos de aquí? -

- Ah... si, si, estoy bien. - Miró alrededor y se dio cuenta de la puerta que había detrás de unas cortinas rojas, Raúl le preguntó nuevamente si podía ayudarlos a salir y se dio cuenta de que su voz provenía de esa misma puerta. - Ya sé por donde pueden salir, pero apenas tengo fuerzas para levantarme, Raúl... - Christine sollozó. - ¡Erik puede llegar en cualquier momento! -

- Tranquila, trata de levantarte y abrir la puerta - La voz de Raúl era suave y paciente, el persa mantenía silencio.

- Bien, voy a tratar... - Christine apoyo una se sus manos en un mueble que estaba a su lado y se levantó con cuidado, sus piernas temblaban, cojeó hasta la puerta lentamente. Cuando al fin llegó a la puerta y posó su mano sobre la perilla está no se abrió por desgracia, estaba con llave.
- ... Está cerrada - insistió forcejeando la perilla pero nada.
- Bien, ¿No hay alguna llave en la habitación? - preguntó el persa e indicó - Busca en todos lados, debe estar allí.

La joven obedeció y buscó al rededor la llave de la puerta, está estaba sobre un mueble con espejo grande, se encontraba sobre una cajita de color rojo oscuro, cuando se dirigió al mueble se escucharon pasos. ¡Era Erik!, no le dió más tiempo que sentarse en la silla y hacer como si nada hubiera pasado.
Cuando entró a la habitación la miró con una sonrisa amigable, y se acercó.

-¿Cómo estás?, mi amada. Disculpa la demora, pero estaba preparando unas cosas.
- ...Bien, Erik.Me alegra que estés aquí, ya me sentía sola... - La expresión de Christine no demostraba alegro para nada, pero él lo ignoró.
Él sabía que aunque intentara todo, incluso mantenerla cautiva, no serviría de nada...
-Bueno... Me alegra que te alegre mi presencia, mi dama hermosa- Dijo el mientras ponía ambas manos en los brazos de Cristhine, los ojos de él brillaban, aun así podía ver en la mirada de ella la preocupación. Frunció un poco su ceño con expresión de curiosidad. -..¿Ocurre algo?- Cristhine lo evadió y se acercó a su silla. Erik la siguió y la ayudo con delicadeza. Cristhine habló.
- No es nada Erik, solo... Me siento muy cansada y débil. - Apoyó su mano en su cabeza como soporte. - Supongo que fue por el momento...

Erik habló - Lo sé mi niña... Y lo lamento, yo sé que no tenía que ser así. Pero sabes que no me dejas muchas opciones. Trato de hacer lo que es mejor para nosotros dos. -se puso detras de ella y acarició su cabello- Por los dos. ¿Si?

Cristhine aguantaba sus lágrimas, pensaba en Raúl, ¿Cómo haría para sacarlos de allí?

Mientras tanto con El Persa y Raúl todo estaba tenso y silencio. Podían escuchar como el fantasma hablaba con Cristhine, cosa que a Raúl no le gustaba para nada, pero no podía hacer nada, no hasta que el ya no esté para poder salvarla.

El Fantasma de la Ópera GarnierHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora