parte 17

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Era tarde...

Christine se había ido...
Apenas percató su presencia decidió irse para siempre. Podía sentir como un aura tensa y llena de vacío se adueñaba del interior del camerino. Erik no se movía, solo permanecía estático.
Yo me acerque lentamente y antes de poder decir algo Erik susurró:
-...No pude despedirme - En su voz podía sentir el dolor que el llevaba dentro, oh, pobre Erik...
- Erik... No estés triste, ella cantó por tí. Pensó en tí.
Posé mi mano en su hombre con delicadeza pero él me evadió.
-No. Nadie me quiere, nadie perdura a mi lado. - se dió la vuelta, detrás de los orificios de esa máscara, se encontraban unos ojos que rebasaban de lágrimas. Él era frágil. - ¡Y es por lo que soy!, ¡Dios, soy un monstruo!. - él empezó a acercarse a mí, sus pasos fuertes retumbaban en el suelo de madera, estos rechinaban. - ¡Soy impulsivo!, ¡Lastimo! - yo di un paso atrás. Él subía el tono de su voz. Y cuánto creí que me haría daño vi que extendió sus brazos, pero en sus manos se notaba una especie de ira, las presionaba con fuerza.
Hubo un silencio. Y cuando pensé en darle palabras de consuelo paso por mi lado y se fue rápidamente por los pasillos ocultos.
La puerta secreta se cerró fuertemente, dándome una correntada de aire.

¿Que podía hacer yo? Me siento tan mal... Jamás sufrí por amor, yo no podía entenderlo, solo compadecerme de él. Pero aún así quisiera encontrar la manera de hacerlo olvidar.
Quería llorar, realmente pensé, ¿Que hago yo aquí?, ¿Que hago metida en esto?. Esto ocurre por querer saber cosas que no me incumben, por mero aburrimiento y soledad.

Salí del camerino por la puerta, iba en dirección a las habitaciones, no me importaba recibir algún regaño por mi ausencia en el escenario.
Mientras caminaba, miraba el vestido que llevaba puesto, tendría que devolverlo... Pero es bonito, es delicado y con detalles muy bellos, se parece a uno que tuve una vez de pequeña, creo que fue lo menor de mi infancia sacando de lado lo demás.

La noche era silenciosa, estaba tranquilo todo. Ya estaba recostada en mi cama, pero no podía dormir.
Mi compañera estaba dormida, no tenía a nadie con quién hablar de lo ocurrido, de lo mal que me sentí.

Siento que estoy de sobra...

Me levanté y busqué mi violín, bah, el que era mi violín, ya que se lo había regalado a una compañera.
Le robe unos cuadernos de práctica también para aprender a tocarlo. Me fui al escenario, todo era oscuridad, prendí unas lámparas para iluminar un poco.
Al principio, cualquier cosa que intentara tocar, sonaba espantoso, hasta sentí miedo de invocar a un ser superior con los sonidos de horror que provocaba con el violín. Pero conforme pasaban las horas iba sonando mejor. Me gusta aprender, y llego a ser rápida.

Pasaron alrededor de 2 horas.
Deje el violín en el suelo y me puse en el centro del escenario. Miraba en dirección a dónde estaría el público, imaginando que había destellos de luz y mucho público admirando.
- ¿Quieren que cante?- dije con una sonrisa. - no tengo ninguna canción en especial, pero... Puedo improvisar.
- ¿Qué?, ¿Dicen que si?- reí - está bien. Pero no saldrá perfecto.
Suspiré, guarde silencio un momento y comencé cantar.
Mi voz no era muy buena, pero a mí me gustaba.

Veo que algo te perturba
Alguien que te estremece
Yo quisiera ayudarte
Y puedas al fin mirarme...
¿Que tengo que hacer para que te sientas bien?
Quisiera ver detrás de tí, saber más de ti.

Y antes de seguir cantando sentí algo. Sentí que alguien me observaba, así que tomé mis cosas y me fui rápidamente a las habitaciones. Supuse que era él, nadie más rondaba por la opera aparte de mí, pero me fui porque no quiero verlo. Quiero dejarlo solo, que piense.

Cuando llegué a mi cama, me coloque un camisón, porque anteriormente me había recostado con el vestido de Christine. Me cubrí con las sábanas.
Estaba agotada, mis ojos me pesaban, pero un pensamiento llegó a mi mente.
Erik había entendido sus brazos cuando estaba conmigo en el camerino de Christine, ¿Que habrá querido hacer?, no pensé en eso en ese momento, ¿Y si quiso abrazarme?. Él no sé sentía bien en ese momento, estaba realmente mal y molesto con si mismo.

¿Realmente quería un abrazo?..
Lentamente fui quedando dormida.
Quien sabe cuándo lo volveré a ver.

Un abrazo suyo me llenaría de calidez...

El Fantasma de la Ópera GarnierHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora