Catherine, una joven de 17 años llega como bailarina a la Ópera Garnier dónde vivirá junto a sus compañeras.
Luego de la desaparición de la cantante Christine durante toda una semana despierta sospechas en ella, así que decide investigar sobre aqu...
Cuando prendí la lámpara de queroseno el camerino se ilumino y pegué un salto del susto, había un gran espejo en frente de mi dónde me reflejé. Suspiré y recorrí aquella habitación, no había nadie, no había ninguna otra salida más que la puerta por qué le había entrado, ¿De dónde salía la voz de aquel hombre entonces?
Seguí mirando el lugar, las paredes, el suelo, el techo... Y nada, no había ninguna parte que pueda parecer una entrada. Suspiré y salí de aquel lugar ya que si llegaba a aparecer Christine nuevamente me iba a meter en grabes problemas. Deje la lámpara de queroseno en un pequeño mueble que estaba en la entrada del camerino.
Camine por los pasillos de la ópera, ya era de noche así que debía irme a dormir, en la ópera había una sección donde estaban los dormitorios para los antiguos tramoyistas, ellos tuvieron que ser despedidos hace tiempo, pero a los dueños les dio pena hacerlo así que les dieron un trabajo "útil" el cual sería revisar todas las puertas y asesorar que estás estuvieran cerradas o también vigilar las entradas de los sótanos por la noche. Yo dormía allí, no era la única, muchas bailarinas se quedaban aquí, cuándo éramos muy buenas en lo que hacíamos nos lo permitían.
Cuando llegue a mi habitación (dormía junto mis compañeras de ballet) me quite mi vestido marrón y me puse un camisón para luego acostarme en la cama, me cubrí por completo con las sábanas, hacía frío está noche.
Aún me preguntaba muchas cosas. ¿Por qué Christine había desaparecido y no dio explicaciones?, ¿Acaso es verdad que fue el fantasma de la ópera?, ¿Fue el fantasma de la ópera el que ocasionó el terrible accidente del candelabro?, ¿De dónde salía la voz que escuche detrás de la puerta?, ¿Debería seguir averiguando que está pasando? Si... Mañana seguiré tratando de descubrir que sucede aquí. Después de todo, no es solo practicar y bailar en esta Ópera, también ocurrían cosas graciosas como el ¡Croac! De la Carlota, y misterios por resolver.
Cerré mis ojos lentamente, los pensamientos quedaron atrás y el sueño se hizo presente, abracé mi almohada y me quedé dormida.
-Catherine... Catherine...-
Narrador omnisciente.
Una misteriosa voz llegaba a los oídos de Catherine, ¿O acaso era un sueño?
-Catherine... Debes bajar, baja... Baja...-
Las mismas palabras se le repetían una y hora vez, "baja, baja Catherine", "debes bajar". Catherine se retorcía en su cama, quizás solo era una pesadilla, o una señal.
La noche era fresca, la ópera estaba más silenciosa que nunca, no se escuchaba a nadie, ni el viento en las ventanas, ningún instrumento, ni aquel Fantasma de la Ópera que tanto nombraban por los pasillos. La joven aún dormía, pero la voz la hablaba repetidas veces, está solo le decía que baje, ¿Será que Catherine le hará caso?
La noche pasó muy lentamente, el sol al fin salió, era de mañana.
Narra primera persona (Catherine).
- ¡Niñas, niñas! ¡Ya despierten, hay que ensayar! - Decía la entrenadora de Ballet, todas nos levantamos con sueño, era muy temprano.
- ¡Pero si son las 6 de la mañana! - Dijo la pequeña Meg molesta, nadie quería levantarse a esa hora.
-No me importa, hoy se levantarán temprano, debemos ensayar para la próxima función que es dentro de una semana, ¡Y tienen que bailar mejor que nunca! - Dijo muy seria la mujer y agregó. - tenemos que hacer olvidar al público lo que ocurrió con la Carlota y la ¡Catástrofe del candelabro! -.
Nos levantamos, nos pusimos nuestra ropa de ballet y fuimos todas juntas hasta el escenario que quedaba cerca. No pudimos los zapatos y ¡A bailar!. Christine estaba allí, pareciera que estaban explicándole algo, quizás iba a tomar el lugar de la Carlota, no creo que la pobre señora tenga la valentía de cantar nuevamente después de lo ocurrido, ¡Croac!
La dulce Christine comenzó a cantar mientras nosotras bailábamos, su voz se escuchaba por toda la ópera. Era hermoso.
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Solo éramos nosotras en el escenario ensayando ...O eso creía. Ella se empezó a poner tensa y a cantar de una forma muy nerviosa, nadie entendía que le estaba pasando, pero note que su mirada estaba dirigida a un solo lugar en lo alto de la ópera. El Palco número 5. Dirigí mi mirada hacia arribar también, allí había alguien, un hombre con... ¡Con una máscara! ¿Quién era él?, ¿Acaso era El fantasma de la Ópera?, ¿O era el ángel de la música que ella había escuchado anoche? No podía ver sus ojos, solo había oscuridad en esas cuencas, tenía un traje formal color negro y una camisa blanca y algo que parecía ser una capa. Su cabello era... rubio.
Cuando el notó que no solo era Christine la que lo miraba dio media vuelta levantando su gran capa y se fue. Espere a que acabáramos con la practica para luego ir con mis compañeras de baile y hablar con ellas. Me acerqué a la pequeña Meg.
-Meg, chicas. Necesito preguntarles algo importante...- Dije dudosa - ¿Cómo es que luce él... ¿El Fantasma de la Ópera? - Todas se amontonaron y se acercaron a mí.
- ¡El luce como un verdadero muerto! - Dijo la pequeña Meg, luego todas las demás empezaron a hablar casi al mismo tiempo:
- ¡Tiene una capa muuuy larga! - Dijo una chica.
-Y... Y... ¡No tiene ojos! - Agregó la otra.
- ¡Tiene una cabeza de calavera! - Dijo otra niña haciendo muecas extrañas.
- ¡Es un monstruo!¡El mató a alguien! -Dijo una, por último, lo que dijo me causó curiosidad. Dije:
- ¿Mató a alguien? ¿A quién? - Ellas se me acercaron aún más. Meg empezó a contármelo todo.
- ¡Tú aun no estabas aquí, pero todo pasó cuando encontraron a Joseph Buquet colgado en el tercer sótano! -
- ¡Oh Dios mío! - Exclame con asombro. Meg continuo.
- ¡Si!, él era el jefe de los Tramoyistas, y había dicho espantado que se encontró con el Fantasma, ¡Y que este no tenía nariz!, ¡Y que era una calavera! Luego de todo ese escandalo lo encontraron colgado...- Suspiraron todas en forma de lamento- Pobre Joseph. Pero lo más raro... es que la soga en la que él estaba colgado había desaparecido. - Se miraron entre todas con sospecha, luego volvieron sus miradas a mí. - Por eso todos creen que fue él, si siempre ocurren desgracias como estas. -