Parte 14

124 12 0
                                        

Al siguiente día todo fue muy tenso entre Nadia y Catherine, hoy ella la iba a ayudar y empezar a despistar para que no se dieran cuenta de nada, mientras Catherine bajaba nuevamente por el mismo lugar, ingresando por el palco número 5. Pero había un problema, hoy iba a haber mucha gente y la profesora de baile se molestaría, pero eso ya no importaba, necesitaba bajar y saber que el fantasma estaba bien.

Cuando bajó Catherine esta vez se llevó una sorpresa nueva.

Narra Catherine

Como siempre lo recuerdo, mi memoria era muy buena pero esta vez me encontraba desorientada, había subido unos escalones, muchos, y en la oscuridad vi algo.

La oscuridad se movía, se iluminada. Quedé inmóvil. ¿Qué debía hacer?, ¡Se estaba acercando! Estaba sintiendo calor así que me tiré rápidamente al suelo.

Tenía la forma de un humano, pero estaba prendido en llamas y ni siquiera caminaba, flotaba. Pasó cerca de mí, yo me levanté y corrí, la sombra se percató de esto y empezó a seguirme. ¡Dios mío!, esta sombra de fuera producía un sonido horrible, era como si miles de uñas rasguñaran una pizarra. Corrí y corrí hasta que no tuve escapatoria, el pasillo terminaba y no había otra salida, quedé en un rincón al final, estaba asustada y mientras se acercaba más a mí, más calor sentía. Cuando estuvo lo suficientemente cerca pude distinguir su rostro, sus ojos eran redondos y fijos, su nariz algo chueca, sus labios grandes, tenía un color rojo, color sangre. ¿Cómo era esto posible?, ¿Cómo podía avanzar sin necesidad de tocar el suelo?, ¿Por qué estaba en llamas?, había tantas cosas extrañas aquí abajo...

El ruido era horrible, me di cuenta de que no provenía de él, sino de una ola de cosas pequeñas, de avanzaban hacia mí, no sabía bien que eran.

¡Estas criaturas con dientes, garras y cola, subieron a mi cuerpo! No pude guardar silencio y comencé a gritar y tratar de quitármela de encima. El hombre de fuego se inclinó a mi altura y dijo con su voz espeluznante:

- ¡No te muevas!, y sobre todo ¡No me sigas!, ¡Soy él mata ratas!, ¡Déjame pasar con mis ratas! – Luego de esto, desapareció y a lo lejos todo el pacillo se iluminó, las ratas se bajaron de mí y fueron tras de él. ¿Qué había sido todo esto?

Suspiré aliviada, estaba exaltada por la situación. Traté de volver al inicio para retomar mi camino, ¿Les habrá pasado lo mismo al persa y Raúl? Cuando al fin lo hice seguí el camino correcto. Llegué al lago de la Sirena, el agua se iluminaba por la luz se veía hermoso. Me subí al bote y remé hasta el otro lado, pensé que sería fácil pero no tenía tanta fuerza para esto, llegué cansada.

Cuando estuve frente la puerta tenía miedo de abrirla, pensé una otra vez lo que él dijo, no quería encontrarme lo peor. Suspiré, y la abrí. El lugar seguía igual como lo dejé ayer, di pequeños pasos en dirección a la habitación, cuando me asomé a la puerta se me congeló la sangre.

...No esta...

... ¿Dónde está?...

Salí de la habitación, había muchas puertas a las que no había entrado ni tampoco visto, no sabía por cual empezar a buscarlo, pero no fue necesario. Escuché un ruido detrás mío, cuando me di la vuelta me llevé con la sorpresa de que era él. No parecía estar tan mal como ayer, quizás solo dramatizaba y le lloraba a Christine.
- ¡Erik!, Me había asustado, por un momento pensé... –

- ¿Que estaba muerto?, ¡Oh, no! Lo de ayer solo fue una broma de mal gusto – dijo mientras soltaba una carcajada sarcástica, luego cambió el tema – Si fueras otra persona ya te habría matado por haber venido a mí casa, pero ayer fuiste muy atenta. ¿viniste a ver cómo estaba? - Se me acercó, él tenía un trapo y una copa de vino, la estaba secando.

- Esas bromas no sé hacen - Estaba molesta. - Por cierto... Me acabo de cruzar con alguien, ¡Mejor dicho!, Algo...-

- Oh, ¿Hablas de la sirena? - Se dio la vuelta en dirección a las "cocina", que en realidad es un almacén. Yo fui detrás de él.

- ¡No! La sirena no, ¡Un hombre-flotante-de-llama! - Él dejó la copa sobre el mueble de los vinos y me miró.

- ¿Hablas del mata ratas?, él se encuentra muy lejos de mi zona, ¿A dónde te habías metido? -

- No lo sé... Estaba perdida, por un momento creí que me mataría. - él se reía - Parece que estás mejor –

- Claro, estoy mucho mejor, aunque mi idea era morir. No tengo ninguna razón aquí – Parecía algo triste, yo cambié de tema.

- ¿Has comido algo?, he traído algunas cosas para ti – Levanté una pequeña canasta, él la miró algo desinteresado, pero aceptó, no quería ser descortés.

- ¿Que traes? – Agarró la canasta y asomó su mirada dentro de esta. - ¿Es... Lasaña Boloñesa? - Si expresión cambió.

- ¡Si!, lo hicimos con mis compañeras, ¿Quieres un poco? -

En realidad, nada fue así, me esperaba encontrar a un Erik que estuviera bien, durante todo el recorrido hasta el otro lado en bote me lo imaginé. Pero quizás él no iba a tratarme bien, él quería morir solo, pero yo no lo dejaría...

Cuando abrí la puerta y fui en dirección a la habitación lo encontré allí, recostado en su cama-ataúd.

-... ¿Erik?, ¿Sigues vivo? – me acerque, su pecho se movía, parecía estar dormido. Estaba pálido. Puse mi mano en su pacho para sentir los latidos, eran suaves, su ropa era la misma, su cabello estaba algo desordenado. Por un momento miré su mascara. ¿Qué habrá allí debajo?, ¿Cómo serán sus facciones?, acerqué mi mano lentamente a su rostro, era como la tercera vez que lo hacía, esta vez él no estaba despierto para evitarlo, la acerqué más y más, sujeté su mascara con muchísimo cuidado y...

¡Zas!, cuando alcance a levantarla un poco él me detuvo sujetándome, como siempre. Me había llevado un susto al igual que Erik, ya que el temió que lo viera.

...Tenía cicatrices en la parte de su nariz, no pude ver muy bien, quedé en silencio y lo miré, él me veía a mí con una expresión de molestia, estaba exaltado.

- ...No estas muerto – Ambos no dejábamos de vernos. – Te he traído algo... Aunque sé que seguro tendré que obligarte a comerlo. –

- Pareciera que nunca entiendes que no, es no. - hizo presión en mi muñeca, cosa que me dió un poco de dolor. Debía inventar algo.

- Uh, ya es tarde. - le respondí, él me soltó y trato de sentarse en su cama-ataud.

- ¿Cómo? - Sus ojos lucían cansados.

- ¡Ya ví tu rostro! - Le regalé una sonrisa para que se calmase pero él empezó a reír, esa risa macabra que tenía él pero que a la vez era algo atractiva.

-¡Es imposible!, ¡Cualquier persona que viera mi rostro no tendría tal reacción! - No podía parar de reír, yo no lo veía tan gracioso.

- Pero yo no soy cualquier persona - Estaba algo molesta, ¿Tan mala soy para mentir?. - Anda ya, hombre. Levántate así comes algo.

- No tengo comida, ayer me diste lo poco que tenía, y realmente no tengo hambre. -

- Yo te traje algo, ¡Lasaña Boloñesa! - Dije mientras levantaba mi canasta y la sacudía con cuidado - Y no me importa si no tienes hambre, vas a comer. No puedes morir por una mujer.-

Debía de ser dura con él, quizás así entienda que no es bueno eso, no es correcto que se deje caer muerto solo porque Christine ya no está aquí.
Aunque... Yo no comprendo aquel sentimiento.

Quizás algún día



El Fantasma de la Ópera GarnierHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora