el Persa y el conde Chagny. última parte

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¡Un resorte!

Cuando el fantasma volvió, encontró a Christine llorando, ella se encontraba en el suelo contra la puerta de la cámara de los suplicios. El se acercó a ella y la miro fijamente, su mirada era penetrante.
-Tu sabés que él no me dejó otra opción.- parecía que no habría escapatoria. Christine ante su desesperación se inclinó hacia Erik, sus manos sujetaron sus pantalones con fuerza, ella le rogaba. -¡Erik!, ¡Por favor no les hagas esto!.
-Yo te lo dije, hace muchísimo tiempo.- su tono de voz era dominante y fuerte, él estaba molesto. - Tú tienes que elegir, y sabes cuál es la opción. No puedes elegir otra.
Christine ya no sabía que hacer.
Hubo silencio por un momento, aunque sus lágrimas aún seguían cayendo.
-¿Quieres que me case contigo? Eso es lo que quieres... ¡Pero Erik, no puedo!.


Él la miro por unos segundos. Él daba miedo.

Sin hacer mucha fuerza, se safo de los brazos de Christine que aún se sostenían de sus piernas y se acercó a un borde de la pared. Era un pequeño orificio, casi oculto. Allí podía ver a Raúl y el Persa, ellos estaban agonizando. -parece que están buscando la opción fácil, querida - ella lo miro extrañada, no comprendía -...Pero aún tienes tiempo-. Erik se acercó a un escritorio y tomó dos figuras. Un saltamontes, y un escorpión.
-Mi amada, te doy opciones. De tu decisión depende todo este lugar. Y yo sé que eres lo suficientemente inteligente como para saber que vas a escoger - En su rostro se dibuja una sonrisa amigable, pero falsa, en sus ojos se veía.
-Erik... Por favor, no me hagas esto...- ella estaba cansada, todo esto la angustiaba más.
-No llores más. No me gusta verte así, una vez que acabe todo esto, las cosas se pondrán mejor.- suspiró -¿Qué vas a elegir?, ¿El escorpión?, ¿O el saltamontes?. Si eliges el saltamontes, el óxido de mercurio detonará toda la pólvora que está justo debajo de nosotros y toda la opera. Si eliges el escorpión... Aceptas casarte conmigo, así activaré un mecánico para que los sótanos más bajos se inunden. ¡Así todos seremos felices y nadie morirá!. Christine ya no tenía opción.
¿Qué otra cosa podría hacer sino?

-bien. Me casaré contigo...

El resorte...

El Persa vio el resorte antes de tomar su última decisión, parecía todo estar perdido, pero el milagro llegó.

-¡Raúl!, ¡Un resorte!- dijo esperanzado, y antes de que Raúl dijera algo, el Persa lo presionó provocándole una quemadura en la palma de su mano, pero eso no le importó.

Automáticamente se abrió una compuerta del suelo. Ambos se acercaron rápidamente, ahí había una escalera de Caracol. Ambos bajaron ayudándose entre si, allí se sentía el descenso de temperatura.

Allí había otra puerta, era grande y estaba algo deteriorada. El Persa la abrió, era pesada.
Se encontraron con un lugar extraño. Era una especie de bóveda llena de barriles. En ellos parecía haber pólvora...

 En ellos parecía haber pólvora

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El Fantasma de la Ópera GarnierHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora