En medio de la noche, cuando nadie ve, te vuelves tan perceptible y susceptible a lo que pueda o no haber en la obscuridad.
Al cerrar los ojos todo en tu alrededor se torna de un color negro profundo, casi como el vacío, un eterno vacío.
Cuando intentas soñar con tus fantasías y delirios de medio día es cuando oyes sus aullidos tan cerca de tu oído, como si estuviera susurrándote, - aquí estoy, aún no me has olvidado -, que puedes sentir su cálido aliento rozando tu mejilla, estremecedor como siempre, piensas rápidamente en abrir los ojos pero no puedes, quieres decirle que ya está superado, pero no hay palabra que seas capaz de formular, solo balbuceos y estúpidos e irracionales forcejeos ante sus grandes manos agarrándote los brazos, calvándote sus garras, sientes como tu sangre corre por ellas y como él se vuelve más pesado mientras más peleas por quitarlo de encima.
Cuando menos te los esperas, así tan de repente, abres los ojos y gritas tan abrupta y desesperadamente, mientras sientes su presencia desvanecerse de tu lado, y de cada rincón que yace en la penumbra de tu alcoba.
¿Habrá sido solo un sueño más? ¿Acaso mi mente está jugando a ser Judas y me está apuñalando por la espalda?
No sé qué más pensar, nada más que en aquel fantasma que aúlla a media noche cuando ya no puedes ver, pero todos tus demás sentidos se agudizan.
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aprendiendo a amar.
PuisiAquí estamos ahora, 50 poemas que narran mi agridulce travesío por los 23; una montaña rusa de emociones sin más, un caleidoscopio de múltiples colores y gritos ensordecedores; una voz, un lápiz, un papel, un corazón tan sensible y delicado que no c...
