Psicofonia

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Sonidos casi inaudibles, en especial voces que son grabadas y se cree que se originan de personas que ya no están con nosotros, pero desean comunicarse.


Todo mi cuerpo tiembla compulsivamente.
Mi garganta arde por mis gritos desgarrados entre sollozos.

Damian se acerca y se arrodilla, trata de abrazarme y me levanto.

—Avery—dice con voz quebrada

Se acerca y extiende su brazo hacia mi.

—¡¡¡No me toques!!!—le gritó y él parece sorprendido y dolido.

Lo empujó haciendo que se tambalee

—¡No tenías que detenerme! ¡no tenías que arrancarme de el!—digo gritando mientra golpeó su pecho con mis puños—¡Te odio Damian! ¡Hubiera preferido morir con él que estar aquí!—digo mientras caígo de nuevo al suelo

—¡¡¡Gael!!! No me abandones—mi garganta se desgarra

—¡¡Gael no me dejes!!—mi voz suena ronca y con un dolor profundo que no le hace justicia a lo que estoy sintiendo.

El fuego consume los restos del la camioneta y también los restos de mi alma.

Me levanto y corro hacia las llamas



Damian me detiene en seguida y me abraza mientras caemos al suelo.

—Avery lo siento, pequeña—dice mientras me aprieta contra su pecho

Damian me abraza y acaricia mi cabello húmedo tratando de tranquilizarme.
Pero no hay nada aquí que pueda lograr reconstruir mi alma.


Escucho las gotas de lluvia caer al suelo.

El viento susurrando a mi oído que la voz del hombre que tanto amo, hoy solo se escuchará a través de el.

No sé cuánto tiempo ha pasado.

Mis lágrimas brotan con tanta rapidez que parece que voy a sacar toda el agua que hay en mi cuerpo.

Mi cuerpo está agotado, cada músculo de el está tan tenso y cansando que siento que si me paro de aquí, mis pedazos caerán mutilados.

Unas camionetas nos rodean.

Si es Braulio, me haría un favor quitándome la vida, le suplicaria que me dispare y le agradecería su acto de piedad.

Escucho voces y pasan algunos minutos

—Avery

—Avery, cariño—la voz de Alberto me saca de mis pensamientos.


Alberto Rossier está junto a mi, con el seño fruncido y mil sentimientos es su mirada.

Me abrazo a él y se derrumban los pocos añicos que quedaban en mi.

—se ha ido- digo con voz entre cortada

—tranquila Avery, respira—Alberto debe estar rompiéndose por dentro, pero se que no puede permitirse ser débil, no ahora que sabe de lo que Braulio es capaz.

—no puedo Alberto, no puedo—digo mientras cierro los ojos con fuerza

—Shuuuushuu—susurra Alberto

Y mi corazón se pulveriza, al recordar los susurros de Gael cuando algo me aterraba.

En cada sonido de Alberto, escucho correr por mis vías auditivas los susurros de Gael.

Y les juro por mi vida que nadie merece sentir este dolor.

—tenemos que irnos Avery—me dice soltandome

Balas Perdidas Donde viven las historias. Descúbrelo ahora