Día 0

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Estoy tan nerviosa que siento que mis latidos van abrir mi pecho en cualquier momento, las manos me sudan y mi garganta está seca.



Estupida, estúpida, estúpida, me grita mi subconsciente

Mis pies no dejan de moverse debajo de la mesa, y siento que mis dedos piden clemencia ante el fuerte agarre entre ellos.

Vamos Avery di algo no seas tan cobarde... ¿pero que voy a decir? algo como ¿que tal como te va? O ¿que buen clima hace hoy? No puedo ser más patética



Siento una mirada intensa sobre mi y no necesito alzar la vista para saber de quien proviene, el tipo que está frente a mi emana todo aquello que produce que los bellos del cuerpo se me ericen, oscuridad y pracmatismo, no puedo decifrar la razón que lo ha traído hasta aquí.

Tú lo llamaste, estúpida—me recuerda mi subconsciente, que por cierto siempre me ha dejado claro que está en mi contra

De repente recuerdo el porque hice esto, las fotos se reproducen una y otra vez en mi mente y cierro mis ojos tanta fuerza suplicando que cuando los abra termine está pesadilla.







Tengo que ser valiente por él, no estoy dispuesta a perderlo, no asi, no de esta forma tan cobarde.


Un carraspeó profundo me saca de mí cavilación y se que estoy perdiendo la única oportunidad que tal vez mantenga con vida a una de las personas que más amo en el mundo, así que hago acopio de todo el valor que tengo, rebuscó en todas partes un poco de valentía, respiro profundo y levanto ligeramente mi rostro.

—Quiero pedirle un favor

Él tipo me mira fijamente y puedo notar un poco de confusión en su mirada tan intensa, que hace que quiera salir corriendo de aquí.

Solo eres una estúpida ¿que pretendes? ¿ser la heroína entre matones? Cuando no eres capaz ni de matar una cucaracha Avery

En mi defensa diré que las cucarachas son lo más asqueroso que puede existir ¿cómo puede haber algo que sea tan feo y aparte vuele?
Digo, los murciélagos también lo hacen, pero vamos ¿que posibilidad hay de encontrar un murciélago? sin embargo las cucarachas están ahí solo esperando en cualquier lugar.

—¿que clase de favor?

Una voz áspera y sin tono alguno me hace sentir un nudo en el estómago, y de repente recuerdo lo que estoy haciendo.

¡Maldita sea Avery! estás con un hombre que en cualquier momento puede volarte la cabeza y tú te pones a pensar en cucarachas
—¡muy bien! aplaude mi subconsciente, anota esto en tu lista de ridiculeces, tal vez sea la 6578 ¡vamos muy bien!

—señorita Alarcón, no pienso seguir perdiendo el tiempo—me dice en un tono exasperado mientras hace una señal con los dedos y los dos tipos que están sentados en la mesa de alado se levantan. Son algo así como sus escoltas y la discreción a decir verdad no los distingue, si tenemos en cuenta el arma que llevan detrás de sus vaqueros.

Él saca de la bolsa trasera de sus vaqueros unos billetes y los tira sobre la mesa con gesto desdeñoso.


—Buenas tardes—se despide sin siquiera mirarme y se levanta, su sola presencia hace que me sienta más pequeña de lo que ya soy, es muy alto, su chaqueta negra de piel le queda a la perfección y si no fuera por el ceño fruncido y sus gestos arrogantes, podría ser cualquiera de mis compañeros universitarios, pero este hombre emana oscuridad y peligro, su aura es tan intensa que cuando se levanta todo mundo lo observa con curiosidad o miedo, no estoy segura.

Balas Perdidas Donde viven las historias. Descúbrelo ahora