El amor del destino

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Mingi siempre fue un hombre que gustaba ayudar a los demás, sus padres provenientes de una familia adinerada buscaban acomodarlo en puestos y lugares de alcurnia. Jamás le gusto.

A escondidas, comenzó a estudiar medicina, los libros siempre los conseguía con ayuda de su mejor amigo, Choi San, quien no tenia ninguna dificultad en encontrarlos.

Su padre no se entero de ello hasta que cumplió 22, no hizo gran alboroto de ello y siempre recalco que "El honor familiar nunca debía mancharse".

Esto, hasta cierto punto era sofocante. Se sentía muchas veces cansado del estilo de vida que llevaba, tan falso y monótono. Incluso, tiempo después sus padres trataron de establecer relaciones estrechas con otras familias a través de el.

Si, matrimonio.

Rechazó a todas las candidatas sin dudarlo, todas y cada una de ellas eran frívolas y superficiales. Inclusive sentía algo de repulsión hacia ellas, esto igual jamás a sabiendas de su padre o recibiría una paliza.

Cumplidos los 24, su padre cayó en cama por una extraña enfermedad, para tiempo después quedar en una silla de ruedas hasta el final de sus días. Por ello comenzó a encargarse de los bienes de su familia y sintió la libertad de hacerlo conforme a su discernimiento.

Fue el primer medico en abrir una clínica mixta, donde se atendían a señores y esclavos por igual. Al principio esto no fue bien visto e incluso, llego a tener problemas económicos porque señores no se atrevían a ser tratados en el mismo lugar que sus siervos.

Pero con el tiempo, el negocio y la ayuda fueron tomando un buen curso, no era el mas solicitado era verdad, pero le gustaba ayudar y sentirse retribuido por ello.

Aunque todo cambio un sábado por la mañana.

Revisaba las tablas de los pacientes en urgencias, la sala estaba casi vacía, en el área de esclavos habían dos hombres de collar negro heridos por una explosión en su planta de trabajo pero ya recuperándose, había tenido el turno nocturno y esperaba irse a descansar.

No iba a ser así.

 -Vamos, déjalo ahí-

-No digas tonterías Won-

-Ya déjalo, nos meterán en problemas-

El joven se quito sus lentes al oír el alboroto de afuera, su consultorio estaba casi a la entrada por lo que no fue difícil ver a dos hombres dejando a un joven a las puertas del lugar, por las escalinatas.

Se asomó y estos dos individuos salieron corriendo. Mingi no tardo en rodear la sala y dirigirse a la salida, mirando el cuerpo sumamente delgado de un joven pelinegro.

Su collar estaba roto, era de color verde, pero por las heridas y las marcas de su cuerpo pareciere que hacia actividades de un esclavo de collar negro.

Con ayuda de dos enfermeras lo ingresaron al lugar, era alguien alto, sus brazos estaban casi esqueléticos y en su rostro un ojo hinchado impedía percibir su rostro como era.

Pasaron los días antes de despertar, Mingi no le dejo ni un solo segundo. El tiempo permitió al joven esclavo recuperarse, no fue algo fácil pero agradecía a los cielos que aquello hubiera pasado.

Cuando despertó, la primera visión que percibió fue la del medico, que con cuidado revisaba el vendaje de uno de sus hombros, brinco del susto ante la sorpresa.

-¿Q-quien es usted? ¿Donde estoy?-

-Tranquilo, estas en un hospital- el joven de anteojos era cuidadoso y amable, eso relajo al menor -Unos hombres te dejaron aquí y se fueron-

Yours (Woosan)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora