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El bosque de Kioto fue el lugar especial, donde cientos de personas de dos bandos murieron por una causa, una razón: Proteger lo que creían mejor para el país, pero solo una creencia podía prevalecer.

Mientras la batalla se libraba con fuerza. Los rebeldes se dividieron a dos grupos: Uno grande para distraer al ejército para que el grupo pequeño avanzara con libertad hacia el emperador. Amery formó parte del primer grupo mientras Akira del segundo.

El primer grupo mantuvo distraído al ejército como habían planeado, aunque las bajas eran numerosas ellos se mantuvieron. Amery los lideró durante la lucha dinámica y confusa con el mayor cuidado posible, intentando minimizar las bajas las cuales aun así subían. Era una guerra, misma que duró casi todo un día.

La batalla civil duró hasta que unas personas trajeron al campo de batalla la bandera simbólica del Shogun, indicando que estos habían sido derrotados. Ahí fue cuando ambos bandos dejaron de pelear y un gritó unísono de victoria se alzó hasta el cielo, mismo grito en celebración y para agradecer todo el esfuerzo hecho no solo por los que quedaron, también por todos los que estuvieron y se esforzaron junto a ellos.

La mayoría de las personas clavaron sus espadas en el suelo, dejando en claro que ya no eran necesarias y se empezaron a alejar del campo de batalla. Amery no siguió a su grupo cuando este se alejó, sino que se quedó esperando al otro grupo quien aún no había llegado.

Pasó un tiempo. Amery pensó en que no los ubicaban ya que durante la batalla se habían movilizado muchas veces por caminos para evitar a los fusileros, seguramente era eso.

Esperó un poco más, no llegaban. Se impacientó así que empezó a seguir el camino que ellos habían recorrido. Preocupado de que le hubiera pasado algo, aceleró el paso.

Estaba corriendo muy rápido, demasiado preocupado como para reducirlo. Cuando ya estaba al borde de la desesperación de no encontrarlos, fue cuando sintió una mano sobre su hombro, misma que reconoció al instante.

Apenas giró vio a una Akira agotada y sonriente que le dijo. –Es fácil encontrarte. – Amery le sonrió de vuelta para preguntar el porqué de eso. Ella respondió. – Solo hay que seguir el camino de suciedad. – Él fue consiente de sí mismo, notando toda la maleza y polvo que tenía encima. Ellos se mantuvieron viendo a los ojos para después reír divertidos, luego Akira decayó sobre los brazos de Amery, al parecer exhausta.

Él la sujetó con firmeza, manteniéndola de pie, preocupado por su estado. Estaba sonriendo de más, obviamente feliz, pero se veía nostálgica y algo decaída.

Él lo notó, supuso que estaba cansada y que no le quedaban muchas fuerzas, así que empezó a caminar con ella apoyada sobre sus hombros hacia la posada, pero cuando avanzaron unos cuantos metros se desviaron. Akira dijo que quería que la acompañara a visitar un lugar antes de volver con el resto. A Amery le pareció extraño, pero la llevó a donde quería.

Atravesaron gran parte del bosque hasta encontrar un camino rocoso con pilares rojos flanqueándolo, el cual siguieron hasta ver un pequeño santuario sobre una colina. Ella dijo que quería verlo de cerca, así que la ayudó a llegar hasta ahí

Cuando estaban llegando, Amery se dio cuenta que alrededor de las puertas del santuario había pequeñas estatuas de zorros, algunos sentados, otros simulando el movimiento de caminar, como si estuvieran vigilando la entrada.

Al entrar al santuario, solo fue cuestión de ver el monumento central de un zorro con una especie de cuchillo en sus fauces para saber a quién iba dirigido. Este zorro tenía varias telas rojas colgadas sobre su cuerpo, al igual que gran parte del santuario.

La chica cansada comenzó a reír suavemente para después contar que ella iba ahí cuando era niña, que le había dejado ofrendas con los años pero que desde hace mucho que no lo hacía. Amery extrañado le preguntó el por qué creía en los Dioses, cuando ni siquiera sabía que existían, que era algo que no esperaba de ella.

El principio de todoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora