El inicio del fin

3 0 0
                                        

Tiempo después. También logró hacer funcionar su teoría en suelo japonés, pero no compartió como lo hizo, simplemente un día su pequeño sembradío subterráneo empezó a crecer y a dar frutos gracias a que había conseguido anclar la luz ultravioleta que les daba las condiciones para crecer y los componentes de la sangre las hacían que lo hicieran totalmente sanas, sin alguna alteración o cambios perjudiciales para la vida a sus alrededores. Esto también estaba aislado, solo afectaba el área querida sin provocar efectos de más... Una autentica genialidad en la invención adelantada a su tiempo quizás por siglos.

Él preparó varios prototipos con escalas cada una mayor a la anterior para así probar la magnitud de las mismas en diferentes situaciones y condiciones, también para probar una segunda función que él quería implementar.

Fue a suelo italiano a uno de los laboratorios con mayor personal para probar dicha función. La máquina que trasportaba, algo similar a un cubo gigante de 150 cm de alto y 30cm de ancho. Este artefacto abría su superficie y desplegaba lo que él llama "La cúpula". Un domo tanto tangible como visible de un color violeta casi transparente, mismo domo cubrió todo el laboratorio. Algo así como 16 hectáreas enteras, también cubriendo 60 metros de altura.

Esta capa violeta desaparecía si la máquina de la cúpula llegaba a sobrecalentarse, (Porque tenía un tiempo reglamentario bastante exigente ya que por la presión y fusión de la radiación la maquina podía llegar a estallar, cosa que aún había que arreglar), que rompieran la maquina o la detuviera, en cualquiera de los casos la radiación de esta perduraba un tiempo asegurando el efecto en el terreno.

Pero he aquí la segunda función. La cúpula estaba diseñada para aislar las condiciones negativas del exterior haciendo favorables las del interior, pero también funcionaba al revés. En palabras simples, lo de afuera no entraba y lo de adentro no salía.

Aún se desconoce la forma en la que lo hacía. El sujeto se niega a dar detalles sobre eso.

Lo importante para él era que esto funcionaba, él mismo lo intentó y no logró hacerlo de la forma más obvia que sería simplemente caminar para atravesarlo. Intentó hacerlo corriendo, mismo resultado: no se podía atravesar. Era como si chocara contra un cristal tintado de violeta, solo que era increíblemente resistente.

Él tocó la cúpula algo insatisfecho al ver que, aunque las condiciones eran favorables adentro, las plantas de prueba de esa región no aguantaban el clima otorgado al no estar acostumbradas, así que, para ahorrar tiempo, quitaría esa función de no dejar entrar. –Que entren, así no tendría que apagar la máquina para volverla a prender después de terminar–, pensó para sí. Seguido de esto apretó el puño y se dirigió hacia lo más profundo del laboratorio, donde estaban los relegados encerrados. Ya era hora de dejarlos salir.

Amery se acercó a sus celdas, cientos de ellas donde los relegados estaban apretados, y, parándose frente a todos ellos, dudó. Su cuerpo empezó a temblar inseguro de lo que estaba haciendo. - ¿En serio... esto es lo mejor? - Pensó con la derecha temblando. Pero fue ver alrededor para entender que, era muy, muy tarde para dudar .

En frente a todas las celdas, tomó una larga respiración y le dedicó algunas palabras a los relegados – Con la mano en el cielo, juré intentar buscar una mejor vida. Eso nos llevó lejos de casa, lejos de todas las cosas que conocíamos. Antes sentí mi cuerpo dudoso, pero ahora no me limitaré... No hay vuelta atrás, lo sé... Ahora seremos indestructibles – Para acercarse a las mismas con intenciones de abrirlas. 

Allí, una científica lo detuvo sujetándolo por la muñeca mientras preguntaba si estaba loco y quería matarlos a todos, provocando que este girara hacia ella lentamente con una mirada asesina, pero relajó las expresiones para decirle con tranquilidad – No hay nada más que puedas hacer... Así que corre, si eso es lo que quieres – Se zafó del agarré con agresividad, luego estiró la mano izquierda hacia las celdas para disparar diminutos pero potentes rayos morados, mismos que abrieron todas y cada una de ellas... Los relegados no se contuvieron.

Cuando la cúpula terminó, él fue la única persona que salió caminando sobre sus dos pies, mientras que el resto lo hacía sobre sus cuatro extremidades a sus espaldas. Ninguna otra persona salió de ese laboratorio. Lo malo, había perdido un buen equipo de investigación. Lo bueno, era que el plan había salido como esperaba, solo tenía que hacer unos cambios de último momento.

Apenas llegó al laboratorio en Berlín, empezó con los preparativos. Estaba a nada de curar a Madre tierra y quería empezar lo más rápido posible.

Tenía bastantes cúpulas a disposición y, ahora que no se sobrecalentaban y las personas de afuera podían entrar, con el constante avance de los aliados a Berlín él solo tenía que esperarlos para así acabar con una gran cantidad de personas y contrarrestar inmediatamente con la destrucción que iban a causar en dicho lugar. Un plan perfecto. Lo malo del plan, iban a tardar un poco en llegar.

Mientras esperaba, siguió pensando en el plan. Con Berlín acabada y su proveedor contra las cuerdas, debía buscar otra forma de poder llevar las cúpulas sin levantar sospechas, ya que un artefacto de esa magnitud no pasaba precisamente desapercibido en un camión en plena guerra. –Entonces... ¿Qué llueva del cielo? – Concluyó la forma, así que dio la orden de mandar varias cúpulas a Japón antes de que los Aliados tomaran Berlín, aunque ellos llegaron antes de lo esperado. 

El principio de todoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora