Después de dejar todo en el cuarto donde iba a dormir, que no tenía nada que ver con mi antiguo, pequeño y hogareño cuarto, Adrien se presentó en mi puerta para preguntarme si quería que me enseñara la casa, y aunque al principio pensé en decirle que no, acabé aceptando. Empezamos el recorrido desde donde ya estábamos, "mi" habitación, como la llamo él.
—A la derecha esta mi cuarto, estoy para lo que necesites, solo llamar a la puerta. —Asentí y a él no pareció importarle mi falta de respuesta—. A la izquierda están, el de Nathalie primero y después el de mi padre. Pero no creo que te deje entrar. Además, tiene una contraseña en la puerta, así que no vale la pena intentarlo —dijo con una pequeña sonrisa, aunque sentí que era falsa. Estaba siendo tan amable conmigo que conseguí tranquilizarme un poco y me atreví a hablarle.
—¿Y los baños, cada uno tiene el suyo?— Pregunté como una tonta, pero es que no se me ocurría que mas preguntar.
—Sí, aunque en la planta de abajo hay uno de visitas, por si, bueno, ya sabes, viene alguna visita— dijo pareciendo contento de responder la pregunta que le acababa de hacer. "Oh, esta bien" fue lo que yo contesté.
Él siguió enseñándome la casa: la entrada, la cocina, el salón, y mi lugar favorito, el patio trasero, repleto de arboles y flores. Y creo que se me notó en la cara, pues me dijo que lo podía usar cuanto y cuando quisiera, pues casi nadie lo usaba.
Sin darnos cuenta, había caído la noche, y con ello la hora de cenar había llegado. Nos sentamos Adrien, yo, Nathalie y el guardaespaldas juntos a comer. Ninguna señal de mi tio desde el recibimiento.
Al terminar, me fui a mi cuarto. Adrien me acompañó y antes de entrar en mi cuarto me deseó buenas noches. Me duché y me lavé los dientes, me puse el pijama y cuando me metí en la cama empecé a llorar.
Quería que volvieran, volver a tener mi antigua vida. Quería estar en mi cuarto con mis mantas y mis libros, sabiendo que al otro lado de la pared estaban mis padres.
Con miles de pensamientos revueltos en mi cabeza, fui arrastrada al mundo de los sueños.
~
La primera semana pasó en un pestañeo.
Me pasaba sola la mayor parte del día, yendo y viniendo, del jardín a mi cuarto, de mi cuarto al jardín. Allí observaba a los insectos que volaban entre las flores o leía algún libro que me había traído. Adrien salía pronto de casa, llegaba para comer, y por las tardes salía con sus amigos o se iba a sus extraescolares. Más de una vez me preguntó haber si quería ir con el, pero cuando me negué, él no insistió demasiado.
Para despejarme, el jueves empecé a salir de la casa, visitando diferentes lugares acostumbrándome poco a poco a la ciudad. A esas horas había poca gente por la calle, pues estaban en sus trabajos o en clase, lo que era mejor. Las tardes las seguía pasando en el jardín. Y con esa rutina llegó el domingo por la noche, y unas horas después, el primer día de clases.
Mientras desayunábamos Adrien me dijo que nadie sabía de mi existencia, menos Nino, su mejor amigo, que se había enterado esa misma mañana por un mensaje que Adrien le había enviado nada más despertarse.
Cuando llegamos al colegio en limusina, comenzé a ponerme nerviosa. Yo no sabía nada de los amigos de Adrien y ellos no sabían nada de mí. ¿Que pensarían de mí? ¿Les caería mal? ¿Estarían enfadados con Adrien por no decirles nada?
—Ey, tú tranquila, todos hemos tenido un primer día.
Cuando salí detrás de Adrien, sentí muchas, demasiadas, miradas curiosas sobre mí. ¿Cómo no lo había pensado antes? Presentarme allí, junto Adrien, en una limusina, con unas pintas que dejaban mucho que desear.
Pero bueno, nada se podía hacer ya, como si por arte de magia el tiempo volviera hacía atrás. Adrien pareció sentir mi incomodidad así que se mantuvo cerca de mi todo el camino hasta la puerta principal, pero justo cuando estábamos a punto de entrar, alguien nos detuvo. Alcé la vista del suelo y delante nuestro vi una chica rubia analizándome de arriba abajo. Iba acompañada de una chica pelirroja.
—Adriensitoooo... —oh no, pensé— ¿Se puede saber quién es esta chica de aquí?
—Ella, Chloe, es mi prima, ___ Agreste .—La tal Chloe me miro con el ceño fruncido—. Y todavía se está acostumbrando a París, a si que déjala en paz.
Chloe puso los ojos en blanco como si Adrien hubiera estropeado sus planes—. Lo que tu digas Adriensito. Hasta ahora —se despidió de Adrien lanzándole un beso y se adentró a la escuela junto con su amiga.
—No todo el mundo es así, ¿verdad? —pregunté, pensando si hubiera sido mejor inscribirme en otra escuela. Adrien sonrió.
—No, tranquila, lo que pasa es que ella es... especial, digamos. Pero los demás son muy majos, ya veras.
Fuimos a clase, donde solamente había tres personas esperando. Los dos alumnos del fondo hablaban entre ellos y no nos prestaron atención, pero el chico moreno que estaba sentado en la primera fila saludó a Adrien. Al ver que no de sorprendió ante mi presencia, imaginé que era Nino. Así lo comprobé cuando se presentó. Nos sentamos los tres en la misma mesa, Nino, Adrien en el centro, y yo. Poco a poco, los demás estudiantes fueron entrando. Algunos me miraron extrañados y otros pasaron de mí.
Cuando llegó la profesora, que me saludó directamente al entrar con una sonrisa, y parecía que iba a comenzar la clase, una chica de pelo azabache recogido en dos coletas entró corriendo a clase, disculpándose por llegar tarde. Se sentó justo detrás de nosotros, al lado de la chica de pelo castaño que me había dirigido una mirada curiosa minutos antes.
—Hola a todos y a todas. Hoy es un día especial, pues tenemos una nueva integrante en nuestra clase. Por favor levántate y preséntate —me pidió la profesora amablemente, y eso fue lo que hice. Me giré hacía la clase y vi que todo el mundo había clavado la mirada en mí, incluida la chica de las coletas que abrió los ojos como platos al verme.
—Emm yo...— mire a Adrien, que a la vez me miraba con una sonrisa—. Soy ___ Agreste... Ehh... Encantada de conoceros —Y me senté, tomando una gran bocanada de aire.
Nadie dijo nada más que sus nombres mientras la profesora pasaba lista. Algunas clases pasaron algunas lentas y otras más deprisa. Llegó el recreo, y yo seguí pegada a Adrien, pues aunque no era que confiara en él o le conociera mucho, era más que a los demás. Nino, y las dos chicas de detrás, llamadas Alya y Marinette, también vinieron con nosotros.
—Adrien nunca nos había hablado de ti —me comentó la chica de gafas, Alya.
—Bueno... No teníamos nada de contacto hasta hace poco, a si que supongo que es normal —expliqué yo. Era verdad. Adrien y yo no nos veíamos desde que teníamos dos años. Nuestros padres no es que se llevaran demasiado bien. Tenían una visión de la vida... diferente.
—¿Y qué tal por aquí? Has hecho algún amigo o amiga, no se, tienes algún conocido... —preguntó Marinette.
—No, llegué hace una semana, a si que no he tenido mucho tiempo de conocer a mucha gente —contesté.
—¿En serio? Entonces algún día, si te apetece, podrías venir con nosotras, seguro que nuestro grupo estaría encantado de conocerte —dijo muy sonriente, lo que hizo que yo también sonriera. Que simpática, pensé.
—Claro, algún día.
El recreo terminó rápido, pero estuvo bien hablar con las chicas. Las últimas dos horas pasaron rápido, la última incluso acabó diez minutos antes. Me despedí de todos, que seguían conversando, después de decirle a mi primo que le esperaría fuera, pues necesitaba algo de aire.
A medida que me iba acercando a la salida una suave y dulce melodía tocada a guitarra se hacía más clara. Al salir, busqué la fuente de aquella música. Un chico de pelo negro con mechas azules estaba sentado en un banco fuera de la escuela, tocando una guitarra con extremada tranquilidad y con una facilidad asombrosa. Inconscientemente cerré los ojos, para deleitarme de aquella música tan bonita, hasta que de repente cesó y fue remplazada por la dulce voz de un joven.
—¿Te gusta?
Abrí los ojos, y delante de mí, en el mismo lugar de antes, el chico de la guitarra me miraba fijamente con los ojos del azul mas bonito que había visto en mi vida.
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El azul de sus ojos - Luka Couffaine x Lectora
Fanfiction____ Agreste, en un instante, perdio a las personas que mas queria, su madre y su padre, en un accidente automovilístico. Sin ninguna otra opción no lo queda más que mudarse a París con su tio y su primo Adrien, despues de no verlos desde que tiene...
