Todo era un caos.
Podía escuchar gritos, sirenas, y otros ruidos que no lograba identificar. Los policías y medicos corrían de lado a lado, las luces me cegaban, y aunque tuviera un calor sofocante me temblaba todo el cuerpo.
La cabeza no paraba de darme vueltas, mientras el resto del cuerpo me palpitaba. El sudor me cubría la piel y un desagradable pitido me llenaba los oidos.
Pero nada de eso importaba.
No importaba lo que yo sintiera, ni siquiera importaban las personas que hablaban a mi alrededor ni sus palabras. Aunque mi cuerpo estubiera allí, mi cabeza intentaba escapar de aquella situación que parecía una pesadilla hecha realidad.
Y ojalá todo no hubiera sido más que un sueño.
Hacía unos pocos minutos mi vida era normal y feliz. Ahora era un desastre.
Recordaba vagamente lo que había pasado. Un insulto dicho por mi padre, una exclamación mi madre y un grito antes de que todo se volviera oscuro. Me desperté con dos personas inclinados sobre mí haciéndome preguntas y apuntándome con una luz. Cuando me estabilicé lo primero que hice fue preguntar por mis padres. Aquellas dos personas cruzaron miradas antes de darme la noticia.
Mis padres no habían sobrevivido al accidente.
No lloré. No dije nada tampoco. Me llevaron a un lado de la carretera mientras otras personas iban de un lado al otro. Con el paso del tiempo, cada vez me costaba más respirar, me ardían los pulmones y tenía ganas de vomitar. Mi dolor de cabeza iba aumentando con cada respiración.
Todo cesó cuando sentí un fuerte golpe en la cabeza y lo unico que pude sentir era un vacío oscuro.
~
Desperté en una cama de hospital, sola.
El tiempo se volvió algo extraño allí, y no sabía cuanto tiempo había pasado cuando llegaron varias enfermeras y un medico. Traían una bandeja con ellos.
Me hicieron preguntas que yo respondí y algunas pruebas durante las que desconecte. Cuando terminaron, se despidieron y me dejaron sola. Desayuné mirando un punto fijo en mi cuarto y cuando terminé no llamé a nadie para que recogieran la bandeja.
Paso un rato hasta que entró un hombre trajeado. Se sentó en una butaca al lado de mi cama y trás un silencio incomodo, se presentó como el abogado de mis padres. Mi corazón se estrujo al escucharlo.
Lo mas extraño de toda la situación era que, durante todo el tiempo que había pasado, no habia derramado ninguna lágrima. El medico había dicho que era por el shock. Aunque fuera así, no importaba.
Nada importaba ahora.
Lo único que podía hacer era desear que hubiera sido yo en vez de ellos.
Creo que ya sabes de lo que vengo a hablar. —Asentí—. No voy a explayarme mucho, ya que se que esto es muy complicado para ti. —Qué iba a saber él—. A si que voy a ir directamente al grano. Ya no eres una niña pequeña ___, pero como todavía necesitas que un adulto se haga responsable de ti, tus... padres, escribieron que, si cualquier cosa les ocurria... —Como la muerte, pensé—. Te quedarías con tu tio Gabriel Agreste, en París. —Simplemente asentí. No podía protestar. Tampoco tenía energía para hacerlo—. Mañana por la mañana vendrán a por ti.
—¡¿Que?!— exclamé antes de dejarle terminar. Por un momento volví a la realidad. No me habían dejado descansar ni un solo día, y ya me estaban mandando fuera de aquí.
Aunque quizás, era lo mejor. De esa manera, no iba a tener que pasar mas tiempo en esta ciudad y tampoco le tendría que dar explicaciones a nadie. Aunque no es como si hubiera alguien a quien le importara demasiado mi vida. Las personas a las que les importaba ya no estaban.
—Tu tio enviará un avión privado para desplazarte —siguió el abogado, y yo volví a recostarme en la camilla—. Yo... siento mucho lo que te ha pasado. Ojala puedas vivir bien lejos de todo esto.— Lo dudaba.
Sin esperar una respuesta por mi parte, salió de la habitación, dejándome sola de nuevo. Y por primera vez, una lagrima resbaló por mi mejilla.
Lloré durante un rato. Nadie vino a calmarme.
~
Estaba tan cansada que sin darme cuenta, caí dormida, y no fue hasta que alguien me despertó, que me di cuenta que tenía que preparar la maleta para el día siguiente.
Ya me habían avisado de que no me iban a dejar sola, pero no había imaginado que tres enfermeras iban a estar todo el rato junto a mí mientras recogía y guardaba todo lo que iban a necesitar. Tras guardar las cosas que me quería llevar en las maletas que encontré, observé por última vez la casa en donde había crecido. La casa seguiría intacta hasta que yo fuera adulta y decidiera que hacer con ella.
La mañana siguinte todo sucedió muy rapido. Levantarme, desayunar, prepararme e ir hacía el aeropuerto. Allí una amable mujer llamada Nathalie me esperaba, con una tranquilizadora sonrisa. Y aunque seguía un poco aturdida, aquella mujer de pelo corto, con su aura tranquila, logró calmar mi mente aunque fuera solo un poco. No intercambie muchas palabras con ella, pues no me apetecía mucho y ella no parecía muy por la labor. Comí un poco, aunque no tenia mucha hambre, intente ver un rato una película y distraer mi mente, pero ninguna me convenció. Terminé durmiéndome de nuevo. Cuando desperté solo quedaba media hora para llegar, a si que después de volver a comer un poco, llegamos al aeropuerto. Nos bajamos del avión, y un hombre de hombros anchos se hizo cargo de mis maletas. Seguí a aquellos dos desconocidos hacía una limusina gris justo delante de la puerta a la que me hicieron subir. Tardamos diez minutos en llegar a París, y otros cinco para llegar a la casa de mi tio. Solo había visto una vez a mi tio y a mi primo, pero los reconocí al instante. Delante de una casa con la que antes solo había podido soñar, nos esperaban un hombre alto y delgado y un joven rubio de mi edad, nos esperaban. Nathalie se acercó a ellos mientras el otro hombre se llevaba mis maletas. Tras intercambiar unas pocas palabras mi tio y mi primo se acercaron a mí
—___ Agreste, mi sobrina, lo siento mucho— dijo serio dándome un abrazo —Ojala que nuestra casa te ofrezca un hogar en este momento tan complicado. Por ahora relajate, y descansa, empezaras, si así lo deseas, las clases la semana que viene.—
Le di las gracias y tras sonreírme se dirigió a la puerta junto a Nathalie, lo que me pareció extraño, pero supuse que el tambien estaría triste por la muerte de su hermanastro.
—___, has cambiado mucho desde la ultima vez que te vi —dijo el joven a mi lado con una sonrisa, y yo se la devolví.
—Hola, Adrien.
ESTÁS LEYENDO
El azul de sus ojos - Luka Couffaine x Lectora
Fanfiction____ Agreste, en un instante, perdio a las personas que mas queria, su madre y su padre, en un accidente automovilístico. Sin ninguna otra opción no lo queda más que mudarse a París con su tio y su primo Adrien, despues de no verlos desde que tiene...
