Capítulo 13

18 4 0
                                        

Estoy tirada en el sofá terminando mi último dibujo, es la primera vez que dibujo sin ver el físico de la cosa o la persona en cuestión, pero esta vez se me ha hecho tan fácil, como si me supiera a la perfección sus rasgos, como si conociera cada centímetro de su rostro, puedo ver su imagen tan clara. Hay una sonrisa en mis labios mientras me mantengo trazando líneas y sombreados... el sonido del timbre me sorprende. Cierro el cuaderno, lo coloco en la mesa de centro junto con los lápices y me encamino a la puerta, mientras intento alisar las arrugas de mi ropa, solo tengo puesto un short y una camiseta de tirantes.

Me sorprendo al ver a Charles parado del otro lado de la puerta, creí que encontraría a un vendedor o una visita inesperada ¿acaso ya son las cuatro?

-Charles- digo un poco apenada.

-Creí que ya estarías lista- dice el observando mi vestimenta.

-¿Qué hora es?- pregunto abriendo más la puerta y haciendo una seña para que pase.

-Las cuatro y treinta, como quedamos- responde amablemente entrando a la casa.

Cierro la puerta y lo veo a los ojos.

-Lo siento se me fue el tiempo, estaré lista en cinco minuto- camino al sofá- ¿quieres algo de tomar? ¿Tengo zumo de naranja y galletas?- ofrezco pensando en que Sora las trajo hace un momento y todavía no las he probado.

-No gracias, estoy bien- responde el viéndome todavía.

-Bien, regreso en cinco minutos, estás en tu casa- termino y camino a la escalera para luego ir a mi habitación.

Ya en la habitación doy gracias por haber organizado la ropa que me pondré para el funeral y haberme dado un baño solo hace una hora. Veo fijamente la ropa extendida en mi cama mientras me deshago de la que tengo puesta. Un vestido sencillo de mangas cortas, de color negro y unas zapatillas negras. Tengo casi diez años que no voy a un funeral, al último que fui, fue al de mi padre y antes de ese al de mi abuela. No recuerdo bien como se supone que me debo vestir pero sé que las personas usan ropa negra en los funerales, y Dalia me aconsejo que llevara un vestido sencillo.

En minutos ya estoy bajando la escalera, el vestido me queda un poco más arriba de la rodilla.

Voy pensando en lo difícil que va a ser hablar con yan cuando el corazón se me paraliza, cuando llegando al final de la escalera veo a Charles parado cerca de sofá y mi libreta de dibujos en la mano. ¿Ya lo vio? El dibujo que casi termino hace un momento, un retrato de él.

-¿Estas bien? No creí que te molestara que viera tus dibujos- habla cerrando el cuaderno entre sus manos.

-No me molesta, solo me avergüenza un poco- confieso mientras camino hasta posicionarme a su lado.

-No tienes por qué avergonzarte, son muy buenos.

-Gracias- digo viendo fijamente a sus ojos con una pequeña sonrisa- ¿hasta dónde viste?- pregunto con un poco de inseguridad, mientras ruego que no haya visto su retrato ¿Qué va a pensar? Que me gusta, pero ¿Qué tan falso es eso?

-Hasta el último- responde sonriendo.

Desvió su mirada para observar fijamente su pecho. ¿Debo sentirme avergonzada? ¿Por qué una parte de mí se alegra de que lo ha ya visto?

Su mano llega a mi mentón alzándolo un poco y obligándome a ver sus ojos. Sus ojos azules parecen oscurecerse un tono más. Respiro profundamente, queriendo adivinar lo que va a suceder en los siguientes segundos. Charles se acerca tanto que nuestras narices se tocan, pero se queda allí, no se mueve un centímetro más, quizás quiera que yo...
Doy el paso que falta, hasta que mis labios tocan lo de él y me dejo llevar por el sube cosquilleo que me provoca su mano en la nuca, mientras nuestros labios se mueve lentamente. Mis manos hacen puños en la tela de su franela negra, mientras una de sus manos llega a mi cintura, provocando una nueva ráfaga de sentimiento.

Legión I- Secreto oscuroHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora