Prólogo

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Del pico salieron chispas cuando el búho, loco de rabia, surcó el cielo nocturno. "¡Debo encontrar agua! ¡Debo encontrar agua! Esta máscara derretirá mis ojos. ¡Maldita sea la molleja de mi hermano!" La lechuza chilló mientras su pico brillante rajaba la negrura de la noche. La maldición, la peor que podía decir una lechuza, pareció aliviar a Kludd de los terribles sentimientos que asaltaban su interior. Pero el odio aún lo alimentaba, alimentaba su huida, alimentaba su búsqueda desesperada de un estanque fresco en el que sumergir su máscara de metal fundido, sus plumas chamuscadas incendiadas por su hermano, Soren, en una batalla que había salido mal. ¡Muy mal!

Abajo, distinguió el brillo de la luna en una superficie lisa y líquida. ¡Agua! La enorme Lechuza se inclinó y comenzó a descender en espiral. Pronto, agua fría. Había perdido su pico en una batalla. Había perdido todas las plumas de la cara en otra. Sus hendiduras de las orejas habían sido marcadas esta vez, pero todavía tenía un ojo y, lo más importante, todavía tenía su odio. Kludd alimentaba y mimaba su odio como una madre lechuza alimenta y mima a sus polluelos.

Gracias a Glaux, todavía podía odiar.

Gracias a Glaux, todavía podía odiar

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El asaltoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora