Capitulo Ein­und­dreißig

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FV12: No tomar las medidas necesarias para definir su situación de salud de acuerdo con las normas del Reglamento de Incapacidades e Invalideces.

FV13: Estar bajo los efectos del alcohol o drogas durante el servicio o mientras está de servicio.

FV14: Utilizar su posición o rango para buscar intimidad con el personal subordinado.

FV15: Utilizar su posición o rango para vengarse personalmente de compañeros, subordinados o superiores.

FV16: Aprovecharse de su autoridad para recibir regalos o favores del subalterno.

Asteria Magno
05 de agosto
Cherepa i rozy
22:08 horas

—Lo dijiste en voz alta, pidesélo —habla Deniska con su tono de muerta. Me estaba prestando atención, y eso me sorprende. Tiene razón: yo tengo palabra conmigo misma.

«Además siento que Deniska me lo ordenó, porque sabe que me va a rechazar»

Respiro y acomodo mis senos dentro del vestido. No llevo sujetador por el tipo de escote. Empiezo a caminar hacia el comandante. Él se dirige a la barra, donde están George, Yaar, Anggelos, Aven y el coronel Van de Berg.

Llego a su lado y me sorprende poder verlo realmente bien. Está a mi altura. Su olor es un maldito sueño: exquisito, embriagante. Amber marino y madera oscura

—Comandante, ¿me permite bailar esta pieza? —le digo en voz baja, por si me rechaza, no quiero que los demás escuchen.

Él me mira. Sus ojos son de un color plata intenso, dos monedas que brillan en su rostro: metal precioso acumulado en su retina. Cada detalle de sus ojos es un regalo celestial.

La comisura de sus labios se retrae; mira a nuestro alrededor, buscando algo que no entiendo. No dice nada. Solo me ofrece su mano. Pongo la mía sobre la suya, y el contacto envía una corriente de calor por todo mi cuerpo. Cada átomo se enciende.

Caminamos hacia la pista de baile. Mis piernas comienzan a fallar. Se sienten pesadas, mientras mis manos se suavizan. Sentir su piel contra la mía es un acto erótico por sí mismo. Me hace girar, tira de mí, y choco contra algo firme: sus pectorales.

Lo miro a los ojos y el brillo me hipnotiza, un resplandor que vuelve aún más plateado su mirar precioso.

Coloca una mano en mi cintura, deslizándola hasta mi espalda baja. El calor se multiplica. Mi mano sube hasta su hombro. Solo nos observamos.

Escucho el ritmo de los violines y el piano.

No es el momento para moverse aún; cuando empiece el siguiente sistema de notas, será perfecto para unirnos a la sinfonía. Él lo sabe, porque ambos compartimos el amor por la música.

Cuando el nuevo compás comienza, nos movemos dentro de las notas. Su mano se ajusta a mi espalda, firme. La mía se aferra a su brazo, duro bajo la tela del uniforme. Inhalo su olor enloquecedor. Nunca imaginé que un baile pudiera ser tan sensual.

Todo es magia: el aire se calma, mi cuerpo se ablanda, y parece que floto.

Una necesidad de tenerlo más cerca me atraviesa. Deslizo mi mano por su hombro hasta su espalda. Él cambia el agarre y me acerca más. Nuestros cuerpos se funden. Apoyo la cabeza en su hombro y escucho los latidos férreos de su corazón. Solo existe la melodía: los violines, el canto del piano, el llanto del violonchelo, la dulzura de la flauta. Todo es armonía.

Por primera vez desde que llegué a Rusia, me siento en paz. El caos se disuelve, el miedo se borra. Su cuerpo cálido me envuelve como un escudo invisible.

Cerberus (Hipogeo I) *Editando*Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora