Capítulo Siebenundvierzig

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Sanciones tipo dos.

En esta clase de sanciones, tenemos en consideración las atenuantes y consecuencias, teniendo en cuenta muchos factores para implementar el castigo.

1: Remuneraciones no pagadas hasta por un mes.
2: Suspensión del componente hasta 90 días dependiendo el tipo de agravaciones llevadas a cabo.
3: Limpieza del hipódromo hasta por 90 días seguidos.
4: Privación del sueño hasta por una semana
5: Hacer parte del personal de alimentación ejerciendo incluso labores de lavado de trastes o logística alimentaria.
6: Hacer limpieza de los laboratorios de inteligencia y de investigación.
7: Hacer frente a la opinión pública, telediarios, radio, medios de comunicación, etc.
8: Hacer parte del grupo de vigilantes o centinelas de los componentes fuera de las instalaciones militares.
9: Ser internado en conflictos armados, bélicos o batallas campales.
10: Mantenerse inactivo en la tropa de inteligencia.

Asteria Magno.
Lunes 28 de agosto.
Amara Vergeltungswaffe.
Tokio, Japón.

Blaz cae.

Me muevo antes de pensar. Llego hasta él con el pulso acelerado. Está de pie, sin apoyo, tambaleándose como si la voluntad fuera lo único que lo sostiene. Amara aparece a mi lado.

—Estás despierto, mierda miserable.

Su voz no tiembla. Yo lo sujeto por el brazo para estabilizarlo. Ella me mira con desprecio.

—Déjalo en el piso. Es el único lugar donde merece estar.

Blaz sonríe. Una curva mínima, arrogante. Es la primera emoción real que le veo desde que entré.

—Se nota que estás feliz de verme.

Amara lo observa como si estuviera calculando cuánto tardaría en sacarle los ojos con una cuchara.

Lo ayudo a subir a la camilla.

—Pensé en dejarte perder la pierna —dice ella, acomodándose los guantes—. Estuve a punto de dejar que la infección avanzara solo para amputarte. Lo habría disfrutado.

Sonríe.

—Estoy seguro —responde el comandante, sin perder el tono—. Incluso podrías hacerlo sin anestesia. Te divertirías más.

—Mucho más de lo que imaginas.

Se acerca. Demasiado.

Le rodea el cuello con el estetoscopio y tira. El tubo se tensa como una soga. Blaz no forcejea. Solo la mira. Ella aprieta un segundo más… y luego suelta.

—Te lo advierto de nuevo, hijo de puta —susurra—. No vuelvas a asustarme así. No soy tu madre, la que se pasa llorando. La próxima vez que llegues con una herida “leve”, no cruzas la puerta de mi hospital.

Retira el estetoscopio y lo vuelve a colocar alrededor de su cuello como si nada hubiera ocurrido.

Blaz me mira. Luego a ella.

—¿Se conocen? —pregunta en inglés.

Niego con la cabeza.

—¿Quién mierda es ella? —le pregunta a él en alemán.

Blaz sostiene mi mirada un segundo antes de responder.

—No es nada.

Algo se me enfría en el pecho.

—Asteria  —añade después—. Hija mayor de Gerónimo. Amara … mi abuela.

La palabra nada todavía me retumba.

Cerberus (Hipogeo I) *Editando*Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora