FL6:Imponer sanciones y recompensas basadas en favoritismos hacia los subordinados.
FL7: No proporcionar vías adecuadas de comunicación a los subordinados.
FL8: Descuido en prevenir y corregir conductas que violen la disciplina.
FL9: No evaluar a los subordinados en los plazos establecidos por el reglamento.
FV10:Falta de preocupación por el bienestar del personal a cargo.
FL11:No reconocer ni incentivar adecuadamente al personal bajo su responsabilidad.
Blaz Busbiloky.
Norilsk, Rusia.
9:07 horas.
Catástrofe.
Lunes.
Lleva alrededor de cinco horas en el mismo punto.
No se ha movido.
Llora. Tiembla. La respiración le entra a golpes, desordenada, como si los pulmones no recordaran el ritmo correcto. Las piernas le vibran sin sostenerla; las manos, los brazos, los labios. Todo su cuerpo sacudido por espasmos pequeños y constantes. El frío la ha tomado por completo. El hielo le cubre las pestañas, le cristaliza el cabello, se le ha metido en la nariz. Parece una figura tallada a medias, abandonada en la intemperie.
La he llamado. Le he gritado. Le he ordenado que reaccione.
Le lancé piedras.
Nada.
No levantó la cabeza. No parpadeó.
En las últimas dos horas empezó a cantar.
No alzó la voz. No buscó oído alguno. Cantó hacia adentro, como si la melodía no necesitara aire para existir.
Cada nota que sale de sus labios es más perturbadora que la anterior. No hay armonía: hay insistencia. Hay algo roto empujando por salir.
La sangre congelada le recorre el hombro. El hueso asoma por la piel abierta, blanco y obsceno. No parece una fractura limpia; para atravesar así debió golpearse con una violencia considerable. No lo examino más de lo necesario.
Se abraza a la caja de fermio.
Con fuerza. Como si fuera un ancla.
Pensé que el material era demasiado sensible. Eso dicen los documentos. Los leí mientras ella seguía temblando, encogida sobre sí misma. Unas cuantas páginas. Información valiosa. No tanto como creí. Ella no deja de tiritar. No logra detenerse.
He oído voces al otro lado de la torre de escombros. Supuse que la escucharían.
No lo hicieron.
Ella llora sin sonido.
Se hunde en una penumbra cerrada, densa. Las notas que susurra son bajas, irregulares, macabras. No buscan consuelo. Cada una arrastra tristeza, agotamiento, dolor acumulado.
Fa.
Sol.
Fa.
Mi.
Fa.
La.
Sol.
Fa.
Mi.
Fa.
Fa.
Sol.
La.
Do.
Fa.
Sol.
Do.
Mi.
Fa.
La melodía me resulta familiar.
Mi madre solía tocarla. No así, no rota, pero la reconocería en cualquier parte. El piano llora bajo sus manos. Siempre lo hacía. En casa, el instrumento no descansaba: ella lo desgarraba, lo empujaba más allá de lo humano. No por nada carga el título de la mejor concertista de la historia, título que todos repiten como si fuera una verdad absoluta.
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Cerberus (Hipogeo I) *Editando*
AksiAsteria Magno es la primogénita del general más letal y peligroso de las FMSE es trasladada a la central de Rusia en donde se encargará de acabar con un juego, un juego con fuego en donde aprenderá a no quemarse o a arder. ¿Estas dispuesto a jugar?
