Capítulo Zweiunddreißig

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FV17:Mostrar claramente falta de interés en observar y conocer al personal que se lidera.

FV18: Hacer peticiones de manera descortés o irrespetuosa.

FV19: Buscar ayuda externa para obtener lo que se desea, yendo en contra de la voluntad expresa del superior.

FV20: Fingir una enfermedad o exagerar una dolencia para evitar cumplir con el servicio.

FV21: Publicar información sobre asuntos militares a través de medios como prensa, radio, televisión u otros, sin el permiso correspondiente.

Página 32

Asteria Magno.
Lunes 7 de agosto.
король умер.
7:02 horas.


Ayer las aeronaves se marcharon y la central quedó casi desierta, apenas una tropa incompleta sosteniendo el lugar. Mi tarea es localizar el nuevo tipo de pólvora, y todo conduce a la planta nuclear de Rostov. No es un razonamiento lógico: es una certeza visceral. Algo en el pecho me aprieta y me dice que está ahí dentro.

He pasado todo el día rastreando también a Izkra Moguilévichova. El comandante tenía razón. Encontré la desembocadura del río Lena y, desde allí, seguí el rastro hasta Prípiat: una ciudad fantasma en Ucrania, al borde de Bielorrusia. Mi mayor hallazgo hasta ahora.

Miro al teniente de la tropa de Yaar, que trabaja conmigo en la zona de inteligencia. Sin él, el rastreo habría sido más lento y torpe. En la pantalla aparecen las señales de los rastreadores que coloqué: puntos intermitentes en una zona saturada de radiación por la explosión de Chernóbil. Contenedores negros. Izkra está allí. Los satélites no mienten.

—La tenemos —le digo al teniente mientras me pongo de pie. No podemos perder tiempo; si se mueve de la ciudad, la perdemos.

—Sargento, espere —dice él.

Me detengo. En las imágenes del satélite aparecen nuevos contenedores entrando en la zona. Entonces la veo: una cabellera blanca que no pertenece a nadie más.

«Es Innokenti Moguilévich».

«El Boss»

Salgo corriendo hacia las escaleras. Tenemos a dos. Subo de dos en dos. No hay soldados a la vista, apenas personal disperso. Acelero hasta llegar a la planta donde está su oficina. Golpeo la puerta. Silencio. Golpeo otra vez. Esta vez me permiten pasar.

—Comandante, tengo la ubicación de Innokenti Moguilévich e Izkra Moguilévichova —digo apenas entro.

Está frente a su laptop. Alza la mirada. Sus ojos, de un tono plata recién pulido, se clavan en mí. Todavía no puedo creer que ese color exista en una mirada.

—Llame a todos los capitanes. Que se dirijan al punto —ordena—. ¿La aeronave está preparada?

—Sí, señor.

La preparé el mismo día en que me integré a su mando.

—Bien. Llame a George y a Yaar. Que suban a esa aeronave ahora mismo.

Cerberus (Hipogeo I) *Editando*Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora