Capítulo Vier­und­fünfzig

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BITÁCORA DE INVESTIGACIÓN
Proyecto: Baba Yaga
Sujeto de prueba: Phi

Todo sujeto termina cediendo. Algunos, al dolor. Phi, únicamente al afecto.

Blaz Busbiloky.
Confesando verdades.
Sábado 16 de septiembre.
Rostov del Don, Rusia.
07:53 horas.

Le dije que la iba a dejar cojeando, y me lo prometí. Me juré que nadie la va a joder más que yo. Nadie tiene el puto derecho de verla frágil, a menos que sea yo. No voy a dejar que la pisoteen. No la voy a dejar hundir: la voy a empujar a una piscina con un flotador. Uno pequeño, pero que le bastará para no hundirse.

Muevo mi pelvis contra su cuerpo. Hemos estado follando desde que llegamos a la central. Sergey conducía ese coche: nos vio coger dentro, no dijo nada cuando llegó. No dejó de conducir hasta estar aquí. Su cara era digna de un retrato al verme cogerla. Sé que le gusta, y el imbécil cada que puede le deja chocolates a la mujer que yo penetré como poseso.

Ella gime. No la he dejado dormir, no le he dado tregua, y su cuerpo está repleto de moretones de dientes. He mordido cada parte de ella: sus piernas, sus hombros, su abdomen, todo. He besado su cuerpo y lo he contemplado. Jamás había contemplado un cuerpo hasta ella.

Me encanta cómo mis manos se mueven por su piel clara, cómo sujeto cada curva de su cuerpo. Y sus piernas. Me vuelven loco sus piernas.

Gime. Esa sinfonía ha estado en mi mente cada vez más fuerte, más intensa. He tocado cada parte de su cuerpo como me place, sin ser obsceno. Esto no se va a repetir, por eso traté de ser gentil con ella. Le voy a dejar bonitos recuerdos de esto.

Incluso he hecho algo que ni siquiera había soñado. La he abrazado esperando a que descanse, la he tratado bien, mucho mejor que a cualquier persona con la que haya estado. Ella se ha robado mis labios y los convirtió en su propiedad: ella me besa, y disfruto de sus besos en exceso.

Ella mueve su lengua en mi boca acariciando la mía. Es tímida, lo entiendo; toca con delicadeza, con poca firmeza, y siempre veo una pregunta en su rostro: ¿estoy haciéndolo bien? Es un poco tierno, pero sus manos inexpertas, sus caricias intensas pero sutiles me están volviendo loco, y saber que esto se acabará le da mucho más éxtasis. Quiero acabar con toda la madera que hay para encender en su interior.

—¡Oh, Blaz! —grita. Ha estado maldiciendo mi nombre; sus palabras son maleficios que se reproducen en mi cabeza. Me torturó susurrando mi nombre por primera vez esta noche cuando se corría. Sentir su canal comprimiéndose a mi alrededor creó una fascinación. Estar durmiendo a su lado mientras descansaba dejó volar mi cabeza.

Porque jamás había dormido con una mujer. Escuchar sus susurros y jadeos, sus suspiros somnolientos y su sonrisa lo cambió todo, movió mis perspectivas y mis deseos. Ella me hizo cambiar de punto de atracción en menos de diez horas. Creó un nuevo plano en donde no somos militares ni tenemos trabajos suicidas y misiones consideradas imposibles ante mentes mediocres. No solo eso: ella lo cambió. Para crearme una nueva fascinación.

Eso no es bueno.

No tener el control de todo y pensar como estoy pensando es una aberración.

Me corro en su interior. Nada jamás se había sentido tan bien hasta ahora, y eso empeora las cosas porque no tengo el control de nada: ni de mi cuerpo, ni de mi respiración cuando estoy con ella.

Ni siquiera pensé en las consecuencias. El chip que las FMSE les implantaba al llegar a la pubertad hace imposible un embarazo.

Dejo de pensar en las consecuencias para pensar en cómo corrompe las terminaciones de mi cabeza sentir su piel. Sentir su calor y la facilidad con que me deslizo es mágico, al mismo tiempo que desquiciante: como cuando pienso en cómo alguien dice que ha amado contra toda razón, contra su propia voluntad, contra su carácter, contra todo. Así. Eso.

Cerberus (Hipogeo I) *Editando*Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora