BITÁCORA DE INVESTIGACIÓN
Proyecto: Baba Yaga
Sujeto de prueba: Phi
Ningún experimento fracasa cuando el sujeto pierde la capacidad de distinguir entre amor y deber. La manipulación alcanza su máxima eficiencia cuando la orden proviene de la única voz que el sujeto jamás cuestionaría.
Asteria Magno.
París, Francia.
Un evento celeste.
Al llegar al departamento, mi padre baja a mi madre de sus brazos como si cargara un sueño frágil. Ella se durmió en el coche. Llorando en el pecho de mi padre. Anaïs Leroux, pese a tener a Gerónimo Magno como esposo, es la mujer más pacífica y sensible que conozco.
Nala apaga el motor, estacionando perfectamente en la entrada.
El silencio que sigue es denso. Nadie sabe qué decir, qué hacer. Como si el mundo estuviera conteniendo la respiración.
Abro la puerta de la camioneta.
Salgo.
La sangre ya está seca en mis brazos, en el costado del pecho, en la planta del pie izquierdo.
No es mía. Pero huele igual. Las manchas son uniformes, en patrones. Al menos veo rastros de mi piel que quedaron sin pintar de carmesí. Huele a muerte. A metal derramado.
Me da ganas de vomitar. No por el olor. Por lo que significa. Por lo que tuve que hacer.
Subimos en el ascensor. El espejo refleja mi rostro. Pálido. Ojos hundidos. El reflejo muestra una imagen que no puede ser mía.
Labios agrietados. Una sonrisa falsa que aún no he podido borrar.
Las puertas se abren en la última planta.
El penthouse. En la casa de la abuela Herges. La noche se ha tragado el cielo. Todo es oscuridad. Solo las luces de París parpadean como estrellas falsas al otro lado del ventanal.
Camino hacia mi habitación de la infancia. Era la favorita de mi abuela. Lo dicen mis hermanas y mis primas. La puerta chirría. Como si supiera que no pertenezco aquí. Los colores son los mismos: morado, rosado, negro. Posters de bailarinas. Posters de nuestras presentaciones, algunos con listones, aunque la mayoría está guardados en la anterior casa. Estar aquí genera un tipo de vacío que no sé cómo llenar.
Fotos de nosotras de pequeñas. Adornan las paredes. Cartas de nuestras primas sobre el tocador.
Una cama con dosel.
Todo intacto.
Entro al baño.
Me quito la ropa de afán, la saco a tirones. Desprendiéndola de mi cuerpo como si quemara mi piel el simple hecho de volver a estar repleta de sangre.
Quedo desnuda.
La luz fría del espejo me desnuda más. Muestra las cicatrices. No son muchas, pero me recuerdan a los soldados caídos.
La que el jaguar me dio. Es la más grande.
Abro la ducha. El agua fría recorre mis hombros, mi cara, mi esencia.
El color cristalino se mezcla con el rojo, y me es inevitable pensar en cómo, cuando me bañaba, la sangre de los otros después de la emboscada en un río mientras lloraba.
El agua cae. Se mezcla con la sangre seca. Ríos rojos bajan por mis piernas.
Por mis costillas.
Por mis manos.
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Cerberus (Hipogeo I) *Editando*
AcciónAsteria Magno es la primogénita del general más letal y peligroso de las FMSE es trasladada a la central de Rusia en donde se encargará de acabar con un juego, un juego con fuego en donde aprenderá a no quemarse o a arder. ¿Estas dispuesto a jugar?
