Capítulo Zwölf

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Aspectos prácticos.

Requisitos, normas, y reglas de orden Mental.

R11: Disciplina mental.
R12: Concentración en el cumplimiento de objetivos.
R13: Resiliencia emocional.
R14: Capacidad para tomar decisiones rápidas y efectivas.
R15: Autocontrol y gestión de emoción.

R16: Adaptabilidad a diferentes situaciones.
R17: Resistencia a la fatiga física y mental.
R18: Capacidad de mantener la calma bajo presión.
R19: Buena comunicación verbal y no verbal.
R20: Habilidad para trabajar en condiciones de alta incertidumbre.

Asteria Magno.
El palacio Rojo.
Lunes 03 de julio.
Rostov del don, Rusia.
4:32 horas.

Ayer llegamos a Rostov. El aire olía a humedad y a madera húmeda de los bosques cercanos. Fuimos a la mansion de mi padre, en las afueras .

No dijo nada al principio; solo abrió el portón y, en el centro del patio, estaba un regalo para mi: un super regalo de lujo, que me hizo adorarlo mil veces más de lo que ya lo hago, un maldito super coche, un BMW de última generación, la joya más reciente de la marca. El metal negro reflejaba la escasa luz del atardecer como si fuese un animal acechando. ¡Es hermosísimo!

Lo besé por todo el rostro. El olor de su chaqueta de cuero, impregnado de tabaco y combustible, me llenó los pulmones.

Él murmuró que era su forma de pedirme disculpas. No lo culpo por nada; el que falló fue Brus, no mi padre. Yo lo adoro. Y ahora me dió uno de los mejores autos del planeta.

Quizás no debería usarlo en este terreno boscoso, mucho menos cuando empiece a caer la nieve y todo se pinte de blanco, pero no pude resistir. Mis manos tiemblan sobre el volante mientras acelero por la zona rocosa.

Mi padre habla, concentrado en explicarme lo que voy a encontrar en el palacio, pero mi mente se va atrás: ayer viajamos en su jet, haciendo escala en Alemania e Inglaterra. Me dolió dejar mucho a Léa. La voy a extrañar mucho pero ella prometió llamarme. Con Nala fue diferente ella simplemente se alejó sin despedirse.

Dejamos a Léa y Nala en sus centrales. Brus… su padre quedado mal dos veces con el mío; dijo que iba a llevar a Nala a Inglaterra y aún me arde la rabia cuando lo pienso. Pero no importa. A lo lejos, ya se levanta el palacio rojo.

Mis ojos se abren como si lo viera por primera vez. El corazón me golpea el pecho con violencia. Ese palacio ha poblado mis sueños desde que era niña y mi padre me lo mostró por primera vez. Grande, implacable, idéntico al recuerdo.

No puedo creer que estoy aquí, que logré un lugar en la central más peligrosa, la que reúne a los mejores soldados del mundo. ¡Estoy en el palacio rojo!

Dios. Voy a conocer a Deniska Diaghilevova. A Anggelos Vitale. Al comandante Chernov. Al capitán Blaz Busbilosky, es el único soldado que mi padre podría decir es superior que todo el mundo. Papá me habla de el como si fuera especial. Estoy segura que si hubiera tenido un hijo, le gustaría que fuera como él. Mis dedos se aferran al volante con tanta fuerza que se me entumecen los nudillos. La adrenalina me quema por dentro.

Podría llorar de felicidad, y al mismo tiempo, un miedo helado me atraviesa: ¿qué pasa si no estoy en la base de datos de la central?

Los sensores parpadean cuando pasamos. Contengo la respiración. Silencio. No se dispara ninguna alarma. «Estoy en la maldita base de datos», pienso, y el corazón me late tres veces más fuerte. Este siempre ha sido mi sueño: pertenecer a la FMSE, incluso si eso significa morir en esta central.

Cerberus (Hipogeo I) *Editando*Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora