Capitulo Fünf

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BITÁCORA DE INVESTIGACIÓN

Proyecto: Baba Yaga
Sujeto de prueba: Phi

Toda criatura busca aire cuando se está ahogando.Excepto aquella a la que se le enseñó que respirar era un privilegio y no una necesidad.

El experimento fue un éxito.

Carnaval.
Asteria Magno.
5 años después.
Jueves 01 de junio.

La piña colada sabe a azúcar quemada y mar. Dulce por fuera. Salada por dentro. 

La copa está fría entre mis dedos. 
El condensado se desliza por el vidrio, me moja la piel. 

Estoy tumbada sobre la arena caliente, el bikini negro ceñido al cuerpo como una segunda piel. Hace años que no usaba uno. Desde antes de la selva.

El sol me quema los hombros. Pero no me muevo. Dejo que me pinte. Que me marque. Que me confunda con una turista más. Con una chica cualquiera. Con alguien que no ha matado. Ni reventado como psicópata un campamento enemigo.

Detrás de los lentes de sol, mis ojos no se mueven. 

Están fijos. 

En él. 

Tohö Latorre. 

El chileno. La única rata que no logré matar en la Amazonía. Pero voy a terminar lo que empecé esa noche. 

Está en el yate. 

Riéndose. 

Bebiendo.

Creía que estaba muerto. Y ahora lo estará. 

De verdad. 

—Se está moviendo —dice Sebastián Maquiavelo por el auricular—. Estén atentos al objetivo.

Su voz es seca.

Como una orden. 

Como si no supiera que este hombre tiene mi nombre tatuado en la espalda. Que lo escuché decirlo antes de que las balas empezaran a volar. Que lo vi sonreír mientras mi teniente, Leonardo Tavaire, caía con un agujero en el pecho en un remate. 

Mientras mis companeros, y mis hermanos de guerra, gritaban con balas en la garganta. Mientras los cuerpos se apilaban como troncos en la lluvia. Solo yo salí viva. Porque nunca había visto una mujer en una campaña militar salvatica.

Y ahora, aquí, en esta playa que huele a coco y turistas ebrios, voy a hacer lo mismo con él. Esto es por todos los que murieron esa noche.

Fingir. 

Matar. 

Desaparecer. 

—Ya nos descubrió —dice Mateo Da Silva, su voz baja, clínica—. Tiene los ojos en la arena. En ti. 

Respiro. 

No me muevo. 

Tomo un sorbo de la piña colada. 

El sabor me recuerda a la última fiesta antes de la emboscada. Leonardo me preparó una igual. Dijo: "Brindemos por las que no envejecemos, Asteria. Brindemos por las que no olvidamos."

Ahora solo brindo por venganza. Se murió enterrado en llamas no tuve un cuerpo al cual llorar. Se murió solo con miedo de que nadie lo llorará cuando partiera de este mundo. Encontré restos de las personas de mi tropa cuando escape y los enterré con mis propias manos en la mitad de la Amazonia.

Cerberus (Hipogeo I) *Editando*Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora