Capítulo Achtzehn

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O13: Respetar la jerarquía y seguir la cadena de mando.
O14: Cumplir con las responsabilidades asignadas en la unidad.
O15: Mantenerse actualizado en conocimientos y tecnología militar.
O16: Seguir las normas de seguridad y protección personal.
O17: Mantener el honor y la dignidad del uniforme militar.
O18: Mantener la moral alta y el espíritu de camaradería.
O19: Ser ejemplo de comportamiento para otros soldados.
O20: Adaptarse a diferentes condiciones climáticas y geográficas.
O21: Respetar las tradiciones y ceremonias militares.
O22: Estar preparado para actuar en situaciones de combate.
O23: Mantener la confidencialidad de las operaciones tácticas.
O24: Ser consciente de los riesgos y peligros del servicio militar.
O25: Participar en programas de desarrollo profesional.

Dasha Smirlova.
Rostov del Don, Rusia.
Sonrisa.

El lago parece una lápida de cristal helado. Sobre su superficie, el cuerpo de Asteria flota inerte, los ojos cerrados, los dedos aferrados a un puñado de insignias de distintos sargentos como si fueran su último ancla.

No pienso. Me lanzo. Roz me sigue sin dudarlo; dos siluetas rompiendo el espejo del agua con un clavado limpio que nos engulle de golpe.

El frío me atraviesa los huesos como agujas. Los músculos se tensan, pero sigo nadando, abriendo surcos frenéticos hacia su cuerpo inmóvil. El agua sabe a metal y a noche. La alcanzo; mis manos se cierran sobre sus brazos, Roz la sujeta por el otro lado. Tomo una bocanada rápida y tiro de ella hacia la orilla.

El peso de su cuerpo mojado es una piedra que nos arrastra, pero la furia por no perderla nos impulsa. Llegamos al borde; Leomi e Isabella se inclinan, sus manos firmes ayudan a izarla fuera del agua. Yo salgo detrás, tosiendo, el cabello pegado al rostro, el agua chorreando sobre mis botas. Roz emerge junto a mí, jadeante.

En tierra, los rostros nos esperan como un tribunal: los capitanes, Anggelos, Aven, Viggo… y George. Brus está allí también, con el rostro hinchado y marcado de morados; alguien le ha dado una paliza. Sé que uno de esos golpes fue de Asteria; los demás, quién sabe.

Isabella y Leomi se arrodillan junto a ella, la reaniman con golpes suaves en las mejillas. Un jadeo, un parpadeo… y Asteria regresa al mundo. Se incorpora justo cuando los altos mandos avanzan y forman un semicírculo frente a ella: comandante, coronel y el nuevo general.

Veo un destello fugaz de satisfacción en su sonrisa. Me coloco a su lado, un recordatorio silencioso de que no está sola. Se ha ganado mi respeto; acabó con todos los sargentos y, aun así, tuvo tiempo de protegerme esta madrugada.

El capitán Anggelos Vitale se planta frente a ella. Asteria le extiende las insignias; él las toma sin mirarla y, con un gesto frío, las deja caer al suelo. La suela de su bota derecha se posa sobre ellas, aplastándolas. El sonido metálico queda ahogado bajo el peso. Ella no desvía la mirada, pero su rostro se endurece, volviéndose piedra. El capitán se inclina, su aliento rozando el de ella.

—Menester será el nuevo teniente. Belov, el nuevo sargento. —La sentencia le cae encima como un golpe. No agrega nada más; se limita a girarse, como si la decisión estuviera cerrada desde antes de la prueba.

—Ella ganó —interviene Leomi, su voz firme, temblando apenas de indignación—. En diez años, la prueba no ha cambiado, y ella resistió más que cualquier hombre. Además, recogió más insignias que todos… y nadie le arrebató la suya.

—¡Nadie te dio permiso de hablar, Evans! ¡Cállate! —ruge el capitán Aven.

—Ella lo ganó justamente —añade Roz, mirando a Viggo. Ninguno de los capitanes se mueve; se mantienen como estatuas, con la impotencia endureciéndoles los rostros.

Cerberus (Hipogeo I) *Editando*Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora