R26: Presentar características básicas para hacer parte del grupo militar tales como tener una altura mayor de 1, 70 metros para hombres y 1,55 para mujeres, no tener sobrepeso, no tener el pie plano…
R27: No tener alergias graves o condiciones médicas que puedan ser desencadenadas por factores ambientales comunes en el servicio militar.
R28: No padecer enfermedades transmisibles o infecciosas que puedan poner en riesgo la salud de otros miembros del personal militar.
R29: No tener limitaciones físicas significativas que impidan realizar actividades físicas exigentes durante el servicio militar.
R30: Cumplir con los requisitos de aptitud física establecidos por las fuerzas militares secretas especializadas, incluyendo pruebas de resistencia, fuerza y capacidad cardiovascular.
Signe Hoover
Rostov del Don, Rusia.
Brillando con la mentira.
—Le va a poner competencia a Deniska —susurra Leomi, inclinandose hacia mí—. Esa mujer va a traer problemas. Le valió mierda golpear al capitán Brus Moore y a Sergey.
La voz le cae baja, escalonada, como si temiera que las paredes escucharan.
Roz está ahí, encorvada sobre la bandeja. Mastica despacio, miradas cortadas al plato. Tres días sin salir de la central le han dejado la piel translúcida. Dasha ya se fue con la nueva; la risa de ambas se pierde en el pasillo. Roz mueve la cuchara con manos que no tiemblan, pero los ojos le delatan.
—No quiere que la traten como a nosotras —suelo, y las palabras salen ásperas.
Isabella arquea la ceja, la pregunta intacta en su gesto: ¿cómo nos tratan?
—Como putas —escupo—. Como mierda.
Me llevo el vaso del batido verde a la boca, el frío me baja por la garganta. Veo a Sergey en mi cabeza, cara de idiota. Veo a Brus. Veo el agujero que hay que cavar para llegar a sargento si eres mujer aquí: no basta disparar, hace falta ganarte la guerra entera. Ella la ganó. Y ahora es nuestra sargento.
Leomi aprieta los labios y asiente. Me levanto; dejo la bandeja junto a Roz con un gesto cuidadoso.
—Disfrútala —murmuro a Roz, en voz baja—. Pero que no se note. Si pillan que comes por contrabando… me joden a mí.
Su cara se tensa. Sabe lo que pasa si nos pillan: la cuartelaría no perdona no a ella ni a mí.
Salgo de la cafetería. El techo me golpea con candelabros que caen en cascada, vitrales que tiñen el suelo de azul y carmesí; el lugar parece un palacio forjado en disciplina. Y entonces lo veo: George. Está apoyado en la columna, la barba sin afeitar, los ojos claros clavados en mí con una timidez que me desarma.
Camino hacia él. Él queda de pie, y cuando me acerco me rodea con los brazos. Sus manos, ásperas de trabajo, me sostienen como si fuera una figura de porcelana. Cierro los ojos.
—Hola, Signe —dice, la voz masticando ternura. Me besa la frente.
—Hola, guapo —le devuelvo, y lo beso. Lento. La boca de él me encaja como si siempre hubiera sido el refugio. Siento su cuerpo contra el mío; se endurece con un pulso que no es exhibición sino urgencia. Lo beso con la intención de memorizarlo.
Su respiración se entierra en mi cuello. Dura dos segundos. O un mundo.
—Signe —oigo una voz.
Se corta todo.
La túnica de la voz es fría, metálica: Viggo aparece en el borde del pasillo como una estatua que camina. Ojos de capitán. Mandíbula de hierro. No hay afecto en su mirada. Solo obligación.
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Cerberus (Hipogeo I) *Editando*
AksiAsteria Magno es la primogénita del general más letal y peligroso de las FMSE es trasladada a la central de Rusia en donde se encargará de acabar con un juego, un juego con fuego en donde aprenderá a no quemarse o a arder. ¿Estas dispuesto a jugar?
