CAPÍTULO 25

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Abrí mis ojos y sonreí al reconocer una cabellera rosada recostada a mi lado derecho

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Abrí mis ojos y sonreí al reconocer una cabellera rosada recostada a mi lado derecho.

Pasé mis dedos por su sedoso cabello y él levantó su mirada - ¿Cómo te sientes? – Preguntó.

-Bien, pero ¿Qué haces aquí? – Respondí.

-Bueno llevas 7 días con fiebre, Tae no sabía que más hacer así que me llamó.

-Ese idiota, le dije que no te llamara para cosas irrelevantes – Negué con mi cabeza.

-¿Cómo no va ser relevante? Uno de mis pequeños hermanitos estaba al borde de un colapso.

-Exageras Jin Hyung.

-Tú hubieras hecho lo mismo que Tae.

Abrí mi boca para refutar pero no lo pude negar, a decir verdad hubiera hecho lo mismo.

-En fin, lamento haberte hecho venir desde tan lejos – Me disculpé.

-Veinte horas de camino no son nada – Sonrió – Además quería alejarme de Nam por un par de días.

-Si claro – Reímos – Estoy seguro que siguen igual de enamorados.

-No lo voy a negar – Respondió mi hyung y yo sonreí de forma triste - ¿Qué sucede?

Suspiré profundamente – Yo también quisiera un amor así – Sentí la mano de Jin sobre la mía – Siempre doy con los chicos malos, ja, o los que ya están comprometidos.

-¿Te refieres a Jungkook? – Preguntó provocando que alzara mi ceja izquierda.

-Veo que te han informado de todo.

-Como siempre.

-No puedo con ustedes – Sonreí y negué – Lo digo por él y por la cantidad de hombres que han pasado por mi cama sin compromiso alguno.

-Te has planteado el hecho de qué tal vez estás haciendo algo mal ¿?

Claro que lo había hecho, siempre lo hacía cuando conocía a alguien nuevo – Lo sé, es sólo que no sé como darme mi lugar.

Sabía muy bien que mis dudas sólo venían de mi baja autoestima, aunque no quisiera las palabras, acciones y desprecio de la que alguna vez fue mi familia habían cavado demasiado hondo en mi ser.

-Ven aquí – Jin subió a la cama y como muchas veces lo había hecho acunó mi cuerpo en un cálido abrazo fraternal – Sé que encontrarás el camino para salir de ese oscuro laberinto.

Nos quedamos un rato en silencio, uno cómodo de esos en dónde sientes que toda la energía que perdiste es recuperada, de esos silencios donde las palabras son innecesarias, de esos silencios que llenan tu alma.

-Yo también quiero – Dijo mi mejor amigo mientras se abalanzaba encima de nuestros cuerpos, Jin abrió más el abrazo y ambos fuimos acunados cual niños pequeños.

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